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What Martin Luther King, Jr. Knew But Never Said
Lo que Martin Luther King, Jr. sabía, pero nunca dijo 

What Martin Luther King, Jr. Knew But Never Said

By Kathleen M. Pike, PhD


On Monday, we paid tribute to Martin Luther King, Jr.  We celebrate this legendary leader’s commitment to nonviolence and his extraordinary legacy of fighting for racial justice in the U.S. civil rights movement. Renowned for his passionate and inspiring speeches, Martin Luther King, Jr. was a gifted preacher who moved people to create a more inclusive and just world. There is one thing Martin Luther King, Jr. never touched in his great orations even though he knew a lot about the subject privately. That is mental illness.

 

Martin Luther King, Jr. was personally familiar with mental health challenges.

Two suicide attempts in his youth. Although the particulars of King’s lifelong battle with mental illness remain a mystery, there are some things we do know. He attempted suicide twice before age thirteen. One attempt was precipitated by the death of his beloved grandmother, who died of a heart attack. King had broken his promise to stay home with her and instead had snuck out to see a parade. After returning home and learning that his grandmother had passed, racked with guilt, he jumped from a second-story window. His suicide attempt is a good illustration of why one of the most effective strategies to reduce suicide rates is the removal of easy access to lethal weapons. What might have happened to the course of history if a gun were in the top drawer of his parents’ night table?

 

Depression in adulthood. According to biographers and historians, although he was never officially diagnosed, King suffered from serious bouts of depression in his adult life. His mental health became sufficiently compromised just before his assassination that several people close to him attempted to secure mental health services for him. He refused. When we consider the extreme stress that King endured, including death threats from the public and a blackmail letter from the FBI, King’s experience with depression is not surprising. Severe and enduring stress are clear risk factors for depression – a condition that afflicts nearly one in five people over the course of their lives.

 

Stigma and Secrecy.  King kept his depression a guarded secret, known only to those closest to him. He was concerned that if his bouts of depression became public then civil rights opponents, critics, and adversaries would use it to discredit him, and the overall civil rights movement would be hindered. These are common fears fueled by deep-seated stigma. In fact, the number one reason given by most people who did not seek treatment for their mental health needs is fear of being found out by others in their community.

 

The blackmail letter from the FBI was sent to the King family on November 21, 1964.

Race and Gender. Racism, discrimination, bigotry, and marginalization all increase risk for mental health issues like anxiety and depression. Negative association between mental illness and weakness, fallibility, and instability make talking about mental illness especially challenging, particularly for Black men. These are issues King faced in his lifetime. These are issues that continue to burden the Black American community today. Reports from the U.S. Office of Minority Health indicate that Black American adults are 20% more likely to report serious psychological distress than white adults. However, available mental health services are not effectively serving this segment of our community, with Black people less likely than White people to seek treatment, and more likely to end treatment prematurely.  Furthermore, when Black Americans do seek help, they are more likely to encounter barriers to mental health care, and ultimately, receive suboptimal care. Efforts such as those led by Dr. Sidney Hankerson and The Confess Project demonstrate innovative ways to better serve the mental health needs of Black men in our society.

 

Dr. Sidney Hankerson’s work focuses on faith-based mental health practices.

Mental illness and public success are not polar opposites. One of the most common fallacies is that successful people – however you measure success – are impervious to mental illness. And conversely, if you have a mental illness, you cannot be successful – however you measure it – in your life. It is true that certain severe and enduring mental disorders can dramatically interfere with one’s functioning. Still, in the majority of cases, mental disorders, such as depression and anxiety, live side by side with love, meaning, and success. King’s legacy is a case in point.

 

Martin Luther King, Jr. had a dream. At its core, his dream was a call for equality and justice. He dreamt of a world where all people were respected and included. These same ideas apply to our work advancing mental health today. We are invited to celebrate the strides we have made, and grapple with the work left undone. King’s life and legacy invite us to dream – and to act.



Lo que Martin Luther King, Jr. sabía, pero nunca dijo 

Por Kathleen M. Pike, PhD


 

El lunes rendimos homenaje a Martin Luther King, Jr. Celebramos el compromiso de este líder legendario con la no violencia y su extraordinario legado de lucha por la justicia racial en el movimiento de derechos civiles de Estados Unidos. Reconocido por sus discursos apasionados e inspiradores, Martin Luther King, Jr. fue un predicador talentoso que impulsó a las personas a crear un mundo más inclusivo y justo. Hay una cosa que Martin Luther King, Jr. nunca tocó en sus grandes discursos a pesar de que sabía mucho sobre el tema en privado: las enfermedades mentales.

 

Martin Luther King, Jr. estaba personalmente familiarizado con los desafíos de la salud mental.

Dos intentos de suicidio en su juventud. Si bien los detalles de la larga batalla de King con la enfermedad mental siguen siendo un misterio, hay algunas cosas que sí sabemos: intentó suicidarse dos veces antes de los trece años. Uno de los intentos fue provocado por la muerte de su amada abuela, quien murió de un infarto. King rompió su promesa de quedarse en casa con ella, y se escabulló para ir a ver un desfile. Después de regresar a casa y enterarse de que su abuela había fallecido, atormentado por la culpa, saltó desde una ventana del segundo piso. Su intento de suicidio es un buen ejemplo de por qué una de las estrategias más efectivas para reducir las tasas de suicidio es la eliminación del acceso fácil a las armas letales. ¿Qué podría haber pasado con el curso de la historia si hubiera habido un arma en el cajón superior de la mesa de noche de sus padres?

 

Depresión en la edad adulta. Según biógrafos e historiadores, aunque nunca fue diagnosticado oficialmente, King sufrió graves episodios de depresión en su vida adulta. Su salud mental se comprometió lo suficiente justo antes de su asesinato que varias personas cercanas a él intentaron conseguirle servicios de salud mental. Él se negó. Cuando consideramos el estrés extremo que soportó King, incluidas las amenazas de muerte del público y una carta de chantaje del FBI, la experiencia de King con la depresión no es sorprendente. El estrés severo y duradero son factores de riesgo claros para la depresión, una condición que afecta a casi una de cada cinco personas a lo largo de sus vidas.

 

Estigma y confidencialidad. King mantuvo su depresión como un secreto bien guardado, conocido solo por los más cercanos a él. Le preocupaba que, si sus episodios de depresión se hacían públicos, los opositores, críticos y adversarios de los derechos civiles lo usarían para desacreditarlo, y el movimiento de derechos civiles en general se vería obstaculizado. Estos son temores comunes alimentados por un estigma profundamente arraigado. De hecho, la razón número uno dada por la mayoría de las personas que no buscaron tratamiento para sus necesidades de salud mental es el temor de que otros en su comunidad los descubrieran.

La carta de chantaje del FBI fue enviada a la familia King el 21 de noviembre de 1964.

Raza y género. El racismo, la discriminación, la intolerancia y la marginación aumentan el riesgo de problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión. La asociación negativa entre la enfermedad mental y la debilidad, la falibilidad y la inestabilidad, hacen que hablar sobre la enfermedad mental sea especialmente desafiante, particularmente para los hombres negros. Estos son problemas que King enfrentó durante su vida. Estos son problemas que continúan agobiando a la comunidad afroamericana en la actualidad. Los informes de la Oficina de Salud de las Minorías de Estados Unidos indican que los adultos afroamericanos tienen un 20% más de probabilidad de sufrir trastornos psicológicos graves que los adultos blancos. Sin embargo, los servicios de salud mental disponibles no sirven de manera efectiva a este segmento de nuestra comunidad, ya que las personas negras tienen menos probabilidades que las blancas de buscar tratamiento y es más probable que terminen el tratamiento prematuramente. Además, cuando los afroamericanos buscan ayuda, es más probable que encuentren barreras para la atención de la salud mental y, en última instancia, reciban una atención mínima. Esfuerzos como los dirigidos por el Dr. Sidney Hankerson y The Confess Project demuestran formas innovadoras de atender mejor las necesidades de salud mental de los hombres negros en nuestra sociedad.

 

El trabajo del Dr. Sidney Hankerson se centra en las prácticas de salud mental basadas en la fe.

La enfermedad mental y el éxito público no son polos opuestos. Una de las falacias más comunes es que las personas exitosas, sin importar cómo se mida el éxito, son inmunes a las enfermedades mentales. Y a la inversa, si tienes una enfermedad mental, no puedes tener éxito, como sea que lo midas, en tu vida. Es cierto que ciertos trastornos mentales severos y duraderos pueden interferir dramáticamente con el funcionamiento de uno. Aun así, en la mayoría de los casos, los trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, conviven con el amor, el significado y el éxito. El legado de King es un buen ejemplo.

Martin Luther King, Jr. tuvo un sueño. En esencia, su sueño era un llamado a la igualdad y la justicia. Soñaba con un mundo donde todas las personas fueran respetadas e incluidas. Estas mismas ideas se aplican a nuestra labor de promoción de la salud mental en la actualidad. Estamos invitados a celebrar los avances que hemos logrado y a lidiar con el trabajo que queda por hacer. La vida y el legado de King nos invitan a soñar y actuar.



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