“This is like a pain I’ve never felt”
“Esto es como un dolor que nunca había sentido”

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“This is like a pain I’ve never felt”

Remembering Rico

Story by Sherry Mazzocchi

“He was always curious,” says mother Nicole Simmons shown here with Rico in an undated family photo.

“He was always curious,” says mother
Nicole Simmons shown here with
Rico in an undated family photo.

Fredrick Hayes was named after his father, but everyone called him Rico. He was funny. He loved to debate and would pile on facts and stats until his weary opponents just gave up. Then he would make them laugh.

Rico, 27, was shot multiple times and killed at 8:05 p.m. on July 27th.

When Nicole Simmons got the call about her son, the news didn’t register at first. It was from a number she didn’t recognize and from a person she didn’t know. She immediately went to St. Barnabas, thinking Rico was at the hospital. But when the police called her, reality sunk in.

She arrived at the crime scene around 11 p.m. Her son was still there, his body on the pavement. Rico was inexplicably shot in front of a Buddhist temple at 2222 Andrews Avenue. The police wouldn’t let her near him. She stood there until 4 a.m., waiting until the crime scene tape was removed.

“They didn’t clean up the blood too good,” Simmons said.

Later she identified her son at the medical examiner’s office. It wasn’t like the television shows where a sheet is pulled back. They projected her son’s face on a screen.

Simmons says her son Rico “had a really good heart.”

Simmons says her son Rico
“had a really good heart.”

The medical examiner couldn’t tell her how many times he was shot. They never told her what type of gun was used in the crime. The Buddhist temple was not involved in the crime, they said.

Simmons does not know who wanted to kill her son.

Though police reports indicate that Hayes had been arguing with the gunman when the killer pulled a gun, no arrests have been made.

Since the murder, Simmons has struggled to find answers.

And struggled with enormous loss.

“I had him when I was 14,” she said. “I grew up with him and because of him.”

They spent many of their formative years in Harlem. Later, Simmons bought a co-op on Fordham Road and University. As Rico got older, he started cutting classes and smoking weed. Simmons wasn’t thrilled with some of his friends.

“They weren’t bad people,” she said. “But I wanted him to go in a different direction.”

Eventually, she sold her home and moved. She thought a suburban Long Island life would be a more wholesome environment.

Rico has a 10-year-old daughter, Tatiana.

Rico has a 10-year-old daughter, Tatiana.

But the lure of the city was strong. Rico preferred being able to get anywhere on a subway. He would stay with his grandmother in Queens, or in Brooklyn with Simmons’ father.

They had a tempestuous mother-son relationship. They argued a lot. He unfriended her on Facebook. Still their bond was strong. Even if they fought, they always said “I love you” at the end of the conversation.

Rico made one public Mother’s Day post that summed up his feelings: “I love you Mama love. We’ve been through hell and back together. You will always be my mother first, my sister second and my best friend third.”

The funeral was about weeks after the shooting. The date or the location was not announced. “We didn’t make it public because the killer is still out there,” Simmons said.

Yet word got out and about 170 people paid their respects. Many told her stories about her son, things she never knew. He inspired people to think about their lives in a bigger way, and urged younger people to stay in school or to get their GEDs.

“He had a really good heart,” Simmons said.

“This is like a pain I’ve never felt,” says Simmons.

“This is like a pain I’ve never felt,”
says Simmons.

What she loved and often disliked most about Rico was his ability to argue. “He wouldn’t let anyone have the last word. He would argue about anything he thought he knew more about than you.” These arguments were legendary – and often happened at family gatherings.

“He was always curious. If you knew something he didn’t, he’d ask you a lot of questions. Then he’d go and look it up to see if you were right.”

He was smart and liked to read. He spent a lot of time reading the Bible with this grandmother and knew a lot about music. He even recorded a few songs he’d written.

Rico has a 10-year-old daughter, Tatiana. He has half-siblings on his father’s side and three on his mother’s side. The oldest, Elijah, looked up to him. “They were good friends,” said Simmons.

“I have to be strong for my children,” she said. But it’s not easy. The pain of loss is cumulative.  Her sister fell out of a window to her death at age two. When she was 23, her stepfather stabbed her mother to death.

“I’ve always had to be strong for someone else. I had to be strong for my younger sister and brother. And now for my children. But this is like a pain I’ve never felt.”

Simmons prays every day for justice. She knows it won’t bring peace or the answers she seeks. “Just to know the killer is still out there hurts. He can’t imagine how many lives he has affected, how many people he hurt when he killed Rico.”

 

“Esto es como un dolor que nunca había sentido”

Recordando a Rico

Historia por Sherry Mazzocchi

Rico era inteligente y le gustaba leer, recordó su madre.

Rico era inteligente y le gustaba leer,
recordó su madre.

Fredrick Hayes llevaba el nombre de su padre, pero todos lo llamaban Rico. Él era divertido. Le encantaba debatir y acumulaba datos y estadísticas hasta que sus cansados oponentes simplemente se rendían. Entonces los hacía reír.

Rico, de 27 años, recibió varios disparos y murió el 27 de julio a las 8:05 p.m.

Cuando Nicole Simmons recibió la llamada sobre su hijo, la noticia no le entró en la cabeza en un principio. Era de un número que no reconocía y de una persona a la que no conocía. Inmediatamente fue a St. Barnabas, pensando que Rico estaba en el hospital. Pero cuando la llamó la policía, la realidad le golpeó.

Llegó a la escena del crimen alrededor de las 11 p.m. Su hijo todavía estaba ahí, su cuerpo en el pavimento. Rico recibió un disparo inexplicable frente a un templo budista en el No. 2222 de la avenida Andrews. La policía no la dejaba acercarse a él. Se quedó ahí hasta las 4 a.m., esperando a que se retirara la cinta de la escena del crimen.

“No limpiaron la sangre muy bien”, dijo Simmons.

Más tarde, ella identificó a su hijo en la oficina del médico forense. No fue como en los programas de televisión donde se retira una sábana. Proyectaron la cara de su hijo en una pantalla.

"Siempre fue curioso", dice la madre Nicole Simmons, aquí con Rico en una foto familiar sin fecha.

“Siempre fue curioso”, dice la
madre Nicole Simmons, aquí con
Rico en una foto familiar sin fecha.

El médico forense no pudo decirle cuántas veces le dispararon. Nunca le dijeron qué tipo de arma fue usada en el crimen. El templo budista no estuvo involucrado en el crimen, dijeron.

Simmons no sabe quién quería matar a su hijo.

Aunque los informes policiales indican que Hayes estuvo discutiendo con el hombre armado cuando el asesino sacó un arma, no se han hecho arrestos.

Desde el asesinato, Simmons ha luchado para encontrar respuestas.

Y con una enorme pérdida.

“Lo tuve cuando tenía 14 años”, dijo. “Crecí con él y por él”.

Pasaron muchos de sus años de formación en Harlem. Más tarde, Simmons compró un co-op en Fordham Road y University. Conforme Rico crecía, comenzó a no asistir a clases y a fumar marihuana. Simmons no estaba encantado con algunos de sus amigos.

“No eran malas personas”, dijo. “Pero yo quería que él fuera en una dirección diferente”.

Eventualmente, ella vendió su casa y se mudó. Pensó que la vida suburbana de Long Island sería un ambiente más sano.

Simmons dice que su hijo Rico "tenía un muy buen corazón".

Simmons dice que su hijo Rico
“tenía un muy buen corazón”.

Pero el atractivo de la ciudad era fuerte. Rico prefería poder llegar a cualquier parte en metro. Se quedaba con su abuela en Queens o en Brooklyn, con el padre de Simmons.

Tenían una tempestuosa relación madre-hijo. Discutían mucho. Él la eliminó de sus amigos en Facebook. Aun así su vínculo era fuerte. Incluso si peleaban, siempre decían “Te amo” al final de la conversación.

Rico hizo una publicación en el Día de la Madre que resumía sus sentimientos: “Te amo, mamá, amor. Hemos pasado por el infierno y hemos vuelto juntos. Siempre serás primero mi madre, en segundo lugar mi hermana, y mi mejor amiga en tercero”.

El funeral fue unas semanas después del tiroteo. La fecha o la ubicación no fue anunciada. “No lo hicimos público porque el asesino todavía está por ahí”, dijo Simmons.

Sin embargo, se corrió la voz y alrededor de 170 personas presentaron sus respetos. Muchos le contaron historias sobre su hijo, cosas que ella nunca supo. Él inspiró a las personas a pensar en sus vidas de una manera más grande, e instó a personas más jóvenes a permanecer en la escuela o a obtener sus GED.

“Tenía un muy buen corazón”, dijo Simmons.

Lo que más le gustaba -y lo que más le disgustaba- de Rico, era su habilidad para discutir. “No dejaba que nadie tuviera la última palabra. Discutía sobre cualquier cosa de la que pensara que sabía más que tu”. Estas discusiones eran legendarias, y con frecuencia ocurrían en reuniones familiares.

Rico tiene una hija de 10 años, Tatiana.

Rico tiene una hija de 10 años, Tatiana.

“Siempre fue curioso. Si sabías algo que él no sabía, te hacía muchas preguntas. Luego iba y lo buscaba para ver si tenías razón”.

Era inteligente y le gustaba leer. Pasó mucho tiempo leyendo la Biblia con su abuela y sabía mucho sobre música. Incluso grabó algunas canciones que escribió.

Rico tiene una hija de 10 años, Tatiana. Tiene medios hermanos del lado de su padre y tres del lado de su madre. El mayor, Elijah, lo admiraba. “Eran buenos amigos”, dijo Simmons.

“Tengo que ser fuerte por mis hijos”, dijo. Pero no es fácil. El dolor de la pérdida es acumulativo. Su hermana se cayó por la ventana y murió a los dos años de edad. Cuando ella tenía 23 años, su padrastro apuñaló a su madre hasta matarla.

“Siempre he tenido que ser fuerte por alguien más. Tuve que ser fuerte por mi hermana menor y por mi hermano. Y ahora por mis hijos. Pero esto es como un dolor que nunca había sentido”.

Simmons reza todos los días por justicia. Ella sabe que no le traerá paz ni las respuestas que busca. “Tan solo saber que el asesino todavía está libre, duele. No puede imaginar cuántas vidas ha afectado, a cuántas personas lastimó cuando mató a Rico”.