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The King of Bills
El rey de los carteles

The King of Bills

Story by Robin Elisabeth Kilmer


The handiwork of Buddy Esquire, king of the hand-crafted hip hop flyers.
Buddy Esquire, king of the hand-crafted hip hop flyers.

Before the blue bird, there was Buddy.

Chances are that news of the last concert or club party you went to reached you via Twitter or Facebook – or even just a friend’s text.

But in the early days of hip hop, the word that went viral came in the form of omnipresent paper flyers posted on the streets and passed around the block.

And a good flyer got attention – and drew bodies to the next jam.

Just as Afrika Bambaataa and Grandmaster Caz are revered for their lyrical artistry, so too was the “King of the Hip Hop Flyer,” Buddy Esquire, born Lemoin Thompson III, for his arresting, sophisticated visual style.

“Buddy’s designs are to me the freshest visual flavor of early hip hop,” explained Johan Kugelburg. “I see imitations all over the place today. He was a master of a purely American craftsmanship.”

Kugelburg is a writer and editor who runs the Boo-Hooray exhibit space downtown. He has also taught at Cornell University and Yale University and helped to develop Cornell’s Hip Hip History Collection.

Kugelburg, who first heard hip hop as a child growing up in Sweden, bought Esquire’s trove of master copies in 2011, and donated 300 of them to the archive in an effort to preserve the work.

Esquire described his style as “neo-deco”. The geometric soundness and precise, artistic lettering that characterize his flyers came not from a font on a screen, but the ink that bled from a pen guided by the mechanics of his own hand.

There was no keyboard.

From 1977 to 1982, Esquire took to his drawing board in his one-bedroom Bronx apartment and crafted by hand flyers touting that week’s next big event.

Esquire’s presence in the archive speaks to the significance of flyer artists in helping found and sustain the then-burgeoning musical genre.

That Esquire’s work is in the archive speaks to the fact that flyer artists were as responsible for the birth of the genre as the artists themselves.

“A flyer either made you want to tell everyone about the party or not go at all,” said Theodore Livingston, better known as Grandwizzard Theodore.
“A flyer either made you want to tell everyone about the party or not go at all,” said Theodore Livingston, better known as Grandwizzard Theodore.

“A flyer either made you want to tell everyone about the party or not go at all,” said Theodore Livingston in a recent New York Times article. Livingston is better known among hip hop aficionados as Grandwizzard Theodore, whose name appeared in many an Esquire flyer.

The praise for Esquire has taken a new reverential tone, as he was found dead in his Bronx home on Fri., Jan. 31st, after being overcome by smoke from a dinner left cooking on the stove.

At the time of his death, the Flyer King had been a distributor of parcels for U.P.S.

Kugelburg, a collector of printed memorabilia from 20thcentury subcultures, also has posters and signage from various artists and movements, a diverse collection that includes printed materials of the Velvet Underground as well as of the 1968 uprisings in Paris.

“Most fields that I document, exhibit and publish books on have the commonality of being [of a] self-starter culture, of people embracing a do-it-yourself ethic. I see Buddy Esquire as a great example of that,” he said.
Hip hop, he says, is a convergence of art and activism.

“Buddy Esquire’s artwork is a key piece to how we understand the historical narrative of hip hop culture in its infancy. Alongside oral histories, the photography by Joe Conzo, the live recordings provided by Grandmaster Caz and Carol Roberts, and other components we can start placing hip hop in its grand historical context with the birth of blues and jazz, with civil rights and community activism.”

“Something people often forget when they see some blinged-out superstar on TV, is that hip hop is now a global community of grassroots activists, creating their own art and culture in real time, anywhere from Brazil to Korea to the Bronx,” he said.

As evidenced by Esquire’s flyers, many of the very first gigs hosted by hip hop’s founders took place in high school gyms, in community centers and in the basements of Police Athletic Leagues and Boys Clubs throughout the Bronx, and concerts were hardly over $5.

Compare that to the triple-digit priced tickets of a Jay-Z concert in the Barclay Center.

But Esquire, who crafted his flyers out of his Bronx apartment, is the quality without the flash.

“Buddy was easy-going, and truly cool in an old-school New York manner,” said Kugelburg, who shared a decade-long friendship with the artist. “He was proud of his work, but also humble.”

For more on Buddy Esquire, King of the Hip Hop Flyer, please visit http://rmc.library.cornell.edu/hiphop/.

El rey de los carteles

Historia por Robin Elisabeth Kilmer


The handiwork of Buddy Esquire, king of the hand-crafted hip hop flyers.
“Buddy era verdaderamente genial, de una manera de la vieja escuela de Nueva York”, dijo Johan Kugelburg, quien compartió una amistad de diez años con el artista.”

Antes del pajarito azul, estaba Buddy.

Lo más probable es que las noticias sobre el último concierto o fiesta del club al que asistió llegaran través de Twitter o Facebook, o por mensaje de texto de un amigo.

Pero en los primeros días del hip hop, los virales llegaban en forma de volantes de papel omnipresente, publicados en las calles y pasados a través de la cuadra.

Y un buen volante llamó la atención y atrajo cuerpos al siguiente palomazo.

Así como Afrika Bambaataa y Grandmaster Caz son venerados por su arte lírico, también lo fue el “Rey del volante Hip hop” Buddy Esquire, nacido como Lemoin Thompson III, por su llamativo y sofisticado estilo visual.

“Los diseños de Buddy son para mí el sabor visual más fresco de hip hop temprano”, explicó Johan Kugelburg. “Hoy, veo imitaciones por todos lados. Él era un maestro de una artesanía puramente americana”.

Kugelburg es un escritor y editor que dirige la sala de exposiciones Boo-Hooray en el centro. También ha sido profesor en la Universidad Cornell y la Universidad Yale y ha ayudado a desarrollar la colección de historia del Hip hop de Cornell.

Kugelburg, quien escuchó por primera vez el hip hop siendo un niño creciendo en Suecia, compró el tesoro de los originales de Esquire en el año 2011, y ha donado 300 de ellos al archivo en un esfuerzo por preservar la obra.

Esquire describe su estilo como “neo-deco”. La solidez geométrica y las precisas letras artísticas que caracterizaban sus volantes no procedían de una pantalla, sino de la tinta que sangraba de una pluma guiada por la mecánica de su propia mano.

No había ningún teclado.

De 1977 a 1982, Esquire usaba su mesa de dibujo en su departamento de un dormitorio en el Bronx, y hacía a mano los volantes que promocionaban el próximo gran evento de esa semana.

La presencia de Esquire en los archivos habla de la importancia de los artistas de volantes para ayudar a fundar y sostener el género musical entonces floreciente.

"Un volante, o bien te daba ganas de decirle a todo el mundo acerca de la fiesta o de no ir en absoluto", dijo Theodore Livingston, más conocido entre los aficionados al hip hop como Grandwizzard Theodore.
“Un volante, o bien te daba ganas de decirle a todo el mundo acerca de la fiesta o de no ir en absoluto”, dijo Theodore Livingston, más conocido entre los aficionados al hip hop como Grandwizzard Theodore.

Que el trabajo de Esquire esté en el archivo, habla sobre el hecho de que los artistas de volantes fueron los responsables del nacimiento del género tanto como los propios artistas.

“Un volante, o bien te daba ganas de decirle a todo el mundo acerca de la fiesta o de no ir en absoluto”, dijo Theodore Livingston en un reciente artículo de New York Times. Livingston es más conocido entre los aficionados al hip hop como Grandwizzard Theodore, cuyo nombre apareció en muchos volantes de Esquire.

El elogio para Esquire ha dado un nuevo tono reverencial, ya que fue encontrado muerto en su casa del Bronx el viernes 31 de enero, después de haber sido superado por el humo de una cena dejada cocinándose.

Al momento de su muerte, el Rey del volante era un distribuidor de paquetes de UPS.

Kugelburg, un coleccionista de memorabilia impresa de las subculturas del siglo XX, también tiene carteles y señalización de varios artistas y movimientos, una colección diversa que incluye materiales impresos de Velvet Underground, así como de los levantamientos de 1968 en París.

“La mayoría de los campos que documento, exhibo y los libros sobre los que publico, tienen el carácter común de ser [de] la cultura de auto-arranque, de las personas que abrazan una ética de ‘hazlo tú mismo’. Veo a Buddy Esquire como un gran ejemplo de eso “, dijo.

El hip hop, dice, es una convergencia de arte y activismo.

“La obra de Buddy Esquire es una pieza clave para nuestra manera de entender la narrativa histórica de la cultura hip hop en su infancia. Junto a las historias orales, la fotografía de Joe Conzo, las grabaciones en vivo proporcionadas por Grandmaster Caz y Carol Roberts y otros componentes, podemos empezar a colocar el hip hop en su gran contexto histórico con el nacimiento del blues y el jazz, con los derechos civiles y el activismo comunitario”.

“Algunas personas suelen olvidar cuando ven a alguna superestrella con joyería ostentosa en la televisión, que el hip hop es ahora una comunidad global de activistas de base, creando su propio arte y cultura en tiempo real, en cualquier lugar de Brasil a Corea para el Bronx”, dijo.

Como lo demuestran los volantes de Esquire, muchas de las primeras presentaciones organizadas por los fundadores del hip hop tuvieron lugar en gimnasios de escuelas secundarias, en centros comunitarios y en los sótanos de Ligas Atlética de la Policía y Clubs de niños en todo el Bronx, y los conciertos difícilmente costaban más de $5 dólares.

Compare esto con las entradas a un precio de tres dígitos de un concierto de Jay-Z en el Centro Barclay.

Pero Esquire, quien diseñó sus volantes en su departamento en el Bronx, tiene calidad sin el flash.

“Buddy era buena onda y verdaderamente genial, de una manera de la vieja escuela de Nueva York”, dijo Kugelburg, quien compartió una amistad de diez años con el artista. “Estaba orgulloso de su trabajo, pero también humilde”.

Para más información sobre Buddy Esquire, Rey del volante hip hop, visite http://rmc.library.cornell.edu/hiphop/.

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