Superstition
Superstición

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Superstition

By Kathleen M. Pike

Groundhog Day makes the news every year. It is based on a superstitious tradition carried out by the Punxsutawney Groundhog Club for well over a century. Other superstitious beliefs and behaviors are more personal and idiosyncratic. Whether public or private, they are universal. And lest you think you are above such irrational behavior, consider the last time someone sneezed and you said “bless you.”

One-quarter of American adults easily identify a superstition that they entertain.

1. What is superstition? This is one of those words that we all understand in the vernacular. Superstitious beliefs hold that specific actions will directly influence an outcome in ways that defy reason or logic. From a scientific perspective, superstitions are based on an illusory correlation between two phenomena that are, in fact, unrelated.

2. What is the psychology behind superstition? Cultural traditions and individual experiences give rise to superstitions. Superstitions derive from a need for control and the human desire to predict the unknown. We engage in superstitious behavior to restore or create a sense of predictability. High rise buildings skip the thirteenth floor to circumvent risk. The field kicker kisses his corno portafortuna on his way onto the field to ensure the football flies clear through the goalposts. We engage in superstitious behaviors to affect our future; control our fate. One-quarter of adults in the U.S. can easily identify a superstition that they entertain. Research studies show that the majority of us are inclined to think our actions impact outcomes, even when no relationship exists.

Tennis great Rafael Nadal has a distinct choreography before every single serve.

3. Believe it or not, many superstitious behaviors actually work. In other words, lucky charms are, well… lucky. It is common for actors to have pre-performance rituals. Tennis great Rafael Nadal has a distinct and precise choreography before every single serve. The research suggests that these superstitions actually work. One study, for example, demonstrated that participants who believed that they had a “lucky” golf ball had more success putting than those who thought they had a “regular” golf ball. In the same study, among individuals who reported having lucky charms, if they were allowed to keep their lucky charm with them during a series of memory tasks, they performed better than those whose good luck charm was taken away. Superstitions may work because they actually create very predictable rituals that reduce uncertainty and increase confidence. This is organizing for our brain, which calms us down and enables us to focus and improve performance of the task at hand.

Fingers crossed.

4. When are we more likely to be superstitious? Magical thinking and superstitious behavior increase under stressful conditions. A possible explanation is that stress reduces our sense of control. To regain control, we engage in rituals or superstitions that we imbue with special powers. Elevated stress levels due to economic crises and social upheaval – things like wars and pandemics – have been shown to prime the superstition pumps. Data from Germany between 1918 and 1940 showed that superstitious thinking rose as people’s perception of greater economic threat increased. Yes, some of us are more superstitious than others. People who feel that they have limited capacity to control their world (a combination of low self-efficacy and high external locus of control) tend to be more superstitious. Higher education levels increase a sense of agency, so more education tends to mean less superstition. Still, even among highly educated people, superstitions are common.

An age-old tradition.

5. How are superstitions related to mental health? In general, superstitious beliefs are common across the population and not associated with mental disorders. And for most people, superstitions are fun and harmless. But superstitions can become a burden in everyday life. For people with obsessive-compulsive disorder (OCD), superstitions can manifest as fixations. People with OCD may feel unable to dismiss the superstitious beliefs or behaviors, leading to debilitating obsessive thoughts and compulsive rituals. Superstitions can negatively impact people who have mental health conditions such as generalized anxiety disorder and depression. When superstitions become strong motivators for participating in or avoiding certain activities, or when superstitions dramatically interfere with constructively and productively engaging in life, it could be an indication that an underlying mental health condition is present.

Superstición

Por Kathleen M. Pike

El Día de la Marmota es noticia todos los años. Se basa en una tradición supersticiosa llevada a cabo por el Punxsutawney Groundhog Club durante más de un siglo. Otras creencias y comportamientos supersticiosos son más personales e idiosincrásicos. Ya sean públicos o privados, son universales. Y para que no crea que está por encima de un comportamiento tan irracional, considere la última vez que alguien estornudó y dijo “Dios le bendiga”.

Una cuarta parte de los adultos estadounidenses identifica fácilmente una superstición que siguen.

1. ¿Qué es superstición? Esta es una de esas palabras que todos entendemos en lengua vernácula. Las creencias supersticiosas sostienen que acciones específicas influirán directamente en un resultado de formas que desafían la razón o la lógica. Desde una perspectiva científica, las supersticiones se basan en una correlación ilusoria entre dos fenómenos que, de hecho, no están relacionados.

2. ¿Cuál es la psicología detrás de la superstición? Las tradiciones culturales y las experiencias individuales dan lugar a supersticiones. Las supersticiones derivan de la necesidad de control y del deseo humano de predecir lo desconocido. Participamos en un comportamiento supersticioso para restaurar o crear un sentido de previsibilidad. Los edificios de gran altura se saltan el decimotercer piso para evitar el riesgo. El pateador de campo besa su corno portafortuna en su camino hacia el campo para asegurarse de que el balón pase por los postes de la portería. Participamos en comportamientos supersticiosos para afectar nuestro futuro, controlar nuestro destino. Una cuarta parte de los adultos en los Estados Unidos pueden identificar fácilmente una superstición que siguen. Los estudios de investigación muestran que la mayoría de nosotros estamos inclinados a pensar que nuestras acciones impactan los resultados, incluso cuando no existe una relación.

El gran tenista Rafael Nadal tiene una coreografía distintiva antes de cada saque.

3. Lo crea o no, muchos comportamientos supersticiosos realmente funcionan. En otras palabras, los amuletos de la suerte son, bueno… suerte. Es común que los actores tengan rituales previos a la actuación. El gran tenista Rafael Nadal tiene una coreografía distintiva y precisa antes de cada saque. La investigación sugiere que estas supersticiones realmente funcionan. Un estudio, por ejemplo, demostró que los participantes que creían que tenían una pelota de golf “de la buena suerte” tenían más éxito en el lanzamiento que aquellos que pensaban que tenían una pelota de golf “normal”. En el mismo estudio, entre las personas que informaron tener amuletos de la suerte, si se les permitía mantener su amuleto con ellos durante una serie de tareas de memoria, se desempeñaban mejor que a quienes les quitaron el amuleto. Las supersticiones pueden funcionar porque en realidad crean rituales muy predecibles que reducen la incertidumbre y aumentan la confianza. Esto es organizativo para nuestro cerebro, lo que nos calma y nos permite concentrarnos y mejorar el desempeño de la tarea en cuestión.

Dedos cruzados.

4. ¿Cuándo somos más propensos a ser supersticiosos? El pensamiento mágico y el comportamiento supersticioso aumentan en condiciones estresantes. Una posible explicación es que el estrés reduce nuestra sensación de control. Para recuperarlo, participamos en rituales o supersticiones a las que infundimos de poderes especiales. Se ha demostrado que los niveles elevados de estrés debido a las crisis económicas y la agitación social, como guerras y pandemias, inyectan las supersticiones. Los datos de Alemania entre 1918 y 1940 mostraron que el pensamiento supersticioso aumentó a medida que crecía la percepción de la gente de una mayor amenaza económica. Sí, algunos de nosotros somos más supersticiosos que otros. Las personas que sienten que tienen una capacidad limitada para controlar su mundo (una combinación de baja autoeficacia y alto centro de control externo) tienden a ser más supersticiosas. Los niveles de educación superior aumentan el sentido de voluntad, por lo que más educación tiende a significar menos superstición. Aun así, incluso entre las personas altamente educadas, las supersticiones son comunes.

Una tradición milenaria.

5. ¿Cómo se relacionan las supersticiones con la salud mental? En general, las creencias supersticiosas son comunes en la población y no están asociadas con trastornos mentales. Y para la mayoría de la gente, las supersticiones son divertidas e inofensivas. Pero las supersticiones pueden convertirse en una carga en la vida cotidiana. Para las personas con trastorno obsesivo compulsivo (TOC), las supersticiones pueden manifestarse como fijaciones. Las personas con TOC pueden sentirse incapaces de descartar las creencias o comportamientos supersticiosos, lo que lleva a pensamientos obsesivos debilitantes y rituales compulsivos. Las supersticiones pueden afectar negativamente a las personas que padecen problemas de salud mental, como el trastorno generalizado de ansiedad y la depresión. Cuando las supersticiones se convierten en fuertes motivadores para participar o evitar ciertas actividades, o cuando las supersticiones interfieren dramáticamente con la participación constructiva y productiva en la vida, podría ser una indicación de que existe una condición de salud mental subyacente.