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Parenting Changes Our Brains
Tener hijos cambia nuestro cerebro

Parenting Changes Our Brains

By Kathleen M. Pike, PhD

Witnessing two of my sons become fathers has been a uniquely transformative experience. I hoped they would be good parents. I knew they would be good parents. Over these first few months of observing my sons as fathers, the reality is more inspiring than I could have imagined.

Much has been written about parenting as life-changing. Thanks to today’s science and technology, we now know that parenting actually alters our brains in some exciting and important ways.  

From inception, babies alter the brains of their parents – forever.

Pregnancy changes the brain. Monumental hormonal changes occur during pregnancy (don’t I know it!). Research by Amsterdam University Medical Center Professor Elseline Hoekzema and colleagues suggests that these hormonal fluctuations actually change the new parent’s brain. Pregnancy leads to specific and enduring alterations in the neural architecture and organization of the brain. The changes are most dramatic in the “default mode network” of the brain, which comprises the brain regions most active during the internally-focused cognitive activities of thinking, remembering, imagining, and thinking about others’ minds, a process researchers call “theory of mind.” Hoekzema and colleagues documented that these observed brain changes are correlated with pregnancy hormones, primarily third-trimester estradiol, and reported that these changes in the brain are associated with maternal-fetal bonding, nesting behavior, physiological responsiveness to infant cues, and quality of mother-infant bonding.

Neuroscientists have documented that fatherhood also results in changes in brain structures.

A father’s brain changes, too. Changes due to pregnancy may seem straightforward. But what about the non-pregnant caregiver? Neuroscientists have recently documented that fatherhood also results in changes in brain structures. USC Professor Darby Saxbe and doctoral student Magdalena Martinez Barcia at the Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón in Madrid conducted a study of 40 men – 20 in Spain and 20 in California – who were put into an MRI scanner during their partner’s pregnancy and, again, when their baby was six months old. They compared the brains of these new fathers to 17 men without children. In both the US and Spanish samples, fathers’ brain changes appeared in regions of the cortex that contribute to visual processing, attention, and empathy toward the baby – evidence of behavior experience shaping brain function. 

Time spent with baby matters – for baby and father. Over the past fifty years, the time fathers spend engaging in child care has tripled in the United States. In countries that provide support for, and even encourage, parental leave for fathers – such as Germany, Spain, Sweden, and Iceland – fathers spend even more time caring for their children. A substantial body of research indicates that children with engaged fathers perform higher on various outcomes, including physical health and cognitive performance. The data now also suggest that father engagement has positive benefits on the father’s brain health and development as well.

Paid parental leave matters. The first 1,000 days of a person’s life – from conception to two years – is uniquely foundational for brain, body, metabolism, and immune system development. For this reason, many organizations, including UNICEF and the nonprofit organization 1,000 Days, advocate fiercely for healthier and more equitable conditions that support caregivers and their children during this phase of life. The data are clear: family policies that help parents are beneficial for children and parents alike. In countries with more generous paternity leaves, fathers can spend more time with children. Saxbe and Martínez Barcia’s research indicates that when fathers have more time, they show pronounced changes in brain regions that support goal-directed attention, which may help them attune to their infants’ cues. Paid parental leave policies benefit mothers, fathers, and infants. It leaves me speechless that the United States is the only high-income country in the world with no national paid parental leave policy.

Babies help parents develop empathy and perspective.

Extrapolating to other relationships. The data on brain changes that occur in the context of parenting are provocative. Connecting hormonal changes of pregnancy to brain changes speaks to a robust biological process. The additional data that behavioral experience, in and of itself, can impact our biochemistry, brain architecture and circuitry has far-reaching implications. If spending time with babies can alter a parent’s brain – whether or not they carried the pregnancy – we have every reason to believe that other intimate and emotionally significant relationships can similarly shape our brains. These data are a clarion call for all of us to consider how we engage socially with others and how our social relationships impact our brains in ways that affect our emotional and psychological health.

From inception, babies alter the brains of their parents – forever. Babies help parents develop empathy and perspective. Advances in neuroscience help us understand the underpinnings of this intimate brain-behavior choreography that has unfolded billions of times over the millennia. What a gift to witness it firsthand.

Tener hijos cambia nuestro cerebro

Por Kathleen M. Pike, PhD

Presenciar la paternidad de dos de mis hijos ha sido una experiencia transformadora única. Esperaba que fueran buenos padres. Sabía que serían buenos padres. Durante estos primeros meses de observar a mis hijos como padres, la realidad es más inspiradora de lo que podría haber imaginado.

Se ha escrito mucho sobre la paternidad como algo que cambia la vida. Gracias a la ciencia y la tecnología actuales, sabemos que la paternidad altera nuestro cerebro de formas muy interesantes e importantes.

Desde su concepción, los bebés alteran el cerebro de sus padres… para siempre.

El embarazo modifica el cerebro. Durante el embarazo se producen cambios hormonales monumentales. Las investigaciones de Elseline Hoekzema, profesora del Centro Médico de la Universidad de Ámsterdam, y sus colegas sugieren que estas fluctuaciones hormonales modifican el cerebro de los nuevos padres. El embarazo provoca alteraciones específicas y duraderas en la arquitectura neuronal y la organización del cerebro. Los cambios son más drásticos en la “red de modo por defecto” del cerebro, que comprende las regiones cerebrales más activas durante las actividades cognitivas centradas en el interior, como pensar, recordar, imaginar y pensar en el ánimo de los demás, un proceso que los investigadores denominan “teoría de la mente”. Hoekzema y sus colegas documentaron que estos cambios cerebrales observados están correlacionados con las hormonas del embarazo, principalmente el estradiol del tercer trimestre, e informaron de que estos cambios en el cerebro están asociados con el vínculo materno-fetal, el comportamiento de anidamiento, la capacidad de respuesta fisiológica a las señales del bebé y la calidad del vínculo madre-hijo.

Los neurocientíficos han documentado que la paternidad también provoca cambios en las estructuras cerebrales.

El cerebro del padre también cambia. Los cambios debidos al embarazo pueden parecer sencillos. Pero, ¿qué ocurre con el cuidador no embarazado? Los neurocientíficos han documentado recientemente que la paternidad también provoca cambios en las estructuras cerebrales. El profesor de la USC Darby Saxbe y la estudiante de doctorado Magdalena Martínez Barcia, del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón de Madrid, realizaron un estudio con 40 hombres -20 en España y 20 en California- que fueron examinados por resonancia magnética durante el embarazo de su pareja y, de nuevo, cuando el bebé tenía seis meses. Compararon los cerebros de estos nuevos padres con los de 17 hombres sin hijos. Tanto en la muestra estadounidense como en la española, los cambios cerebrales de los padres aparecían en regiones del córtex que contribuyen al procesamiento visual, la atención y la empatía hacia el bebé, lo que evidencia que la experiencia conductual moldea la función cerebral.  

El tiempo dedicado al bebé es importante para él y para el padre. En los últimos cincuenta años, el tiempo que los padres dedican al cuidado de sus hijos se ha triplicado en Estados Unidos. En los países que apoyan e incluso fomentan el permiso parental -como Alemania, España, Suecia e Islandia-, los padres dedican aún más tiempo al cuidado de sus hijos. Numerosos estudios indican que los hijos de padres comprometidos obtienen mejores resultados en diversos aspectos, como la salud física y el rendimiento cognitivo. Los datos sugieren ahora también que el involucramiento paterno tiene beneficios positivos para la salud y el desarrollo del cerebro del padre.

El permiso parental remunerado importa. Los primeros mil días de la vida de una persona -desde la concepción hasta los dos años- son fundamentales para el desarrollo del cerebro, el cuerpo, el metabolismo y el sistema inmunitario. Por esta razón, muchas organizaciones, entre ellas UNICEF y la organización sin fines de lucro 1,000 Días, abogan ferozmente por unas condiciones más sanas y equitativas que apoyen a los cuidadores y a sus hijos durante esta fase de la vida. Los datos son claros: las políticas familiares que ayudan a los padres son beneficiosas tanto para los niños como para los padres. En los países con permisos de paternidad más generosos, los padres pueden pasar más tiempo con sus hijos. La investigación de Saxbe y Martínez Barcia indica que cuando los padres tienen más tiempo, muestran cambios pronunciados en las regiones cerebrales que apoyan la atención dirigida a objetivos, lo que puede ayudarles a sensibilizarse hacia las señales de sus hijos. Las políticas de baja parental remunerada benefician a madres, padres y bebés. Me deja sin palabras que Estados Unidos sea el único país de altos ingresos del mundo sin una política nacional de baja parental remunerada.

Los bebés ayudan a los padres a desarrollar empatía y perspectiva.

Extrapolación a otras relaciones. Los datos sobre los cambios cerebrales que se producen en el contexto de la paternidad son reveladores. La conexión de los cambios hormonales del embarazo con los cambios cerebrales habla de un proceso biológico sólido. Los datos adicionales de que la experiencia conductual, en sí misma, puede influir en nuestra bioquímica, arquitectura cerebral y circuitos tienen implicaciones de gran alcance. Si pasar tiempo con los bebés puede alterar el cerebro de los padres -independientemente de que hayan llevado o no el embarazo-, tenemos motivos para creer que otras relaciones íntimas y emocionalmente significativas pueden moldear nuestro cerebro de forma similar. Estos datos son un llamado fuerte y claro para que todos nos replanteemos cómo nos relacionamos socialmente con los demás y cómo nuestras relaciones sociales influyen en nuestro cerebro de un modo que afecta nuestra salud emocional y psicológica.

Desde su concepción, los bebés alteran el cerebro de sus padres… para siempre. Los bebés ayudan a los padres a desarrollar empatía y perspectiva. Los avances de la neurociencia nos ayudan a comprender los fundamentos de esta íntima coreografía cerebro-comportamiento que se ha desarrollado miles de millones de veces a lo largo de milenios. Qué regalo ser testigo de primera mano.

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