Lessons on Lying
Lecciones sobre mentir

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Lessons on Lying

By Kathleen M. Pike

Trump lawyer Rudy Giuliani’s Meet the Press statement that “truth isn’t truth” went viral recently. His assertion raised questions about the science and psychology of telling the truth and its obverse, lying, as they relate to cognitive and moral development and mental health.

1.What’s the link between telling the truth and mental health?  

People with certain psychiatric disorders exhibit specific lying behaviors. Those with characteristics of antisocial personality tend to tell manipulative lies, while individuals with more narcissistic character traits tend to tell falsehoods that serve their self-image. People suffering from psychotic disorders may frequently engage in telling stories that are not true. In this case, what may appear to be lying is actually a function of the inability to distinguish reality from fantasy.

2.The truth about lying. 

Lying reflects two important developmental milestones. In our youngest years, we are essentially incapable of lying because we only understand our world view and think that everyone shares it.  At around three or four years, we develop what psychologists call a “theory of mind,” which is the capacity to understand the concept of perspective and the idea that different people can hold varying beliefs, intentions, and knowledge of others. Also fundamental to lying are the cognitive abilities of planning, attention, and self-control, which reflect the development of executive functions of the brain. With these maturational milestones comes experimentation with lying. By 4 years of age, about 80 percent of us will have already made our first forays into not telling the truth. By 5-7 years, nearly 100 percent of us are part of the club. Because theory of mind and executive functions of planning, attention, and self-control are not only useful for lying but also for effective communication and social interaction, early white lies might, ironically, be secretly applauded as reflecting healthy cognitive development.

Rudy Giuliani is serving as a lawyer for Donald Trump.

Rudy Giuliani is serving as a lawyer for Donald Trump.

3.Choosing not to lie is a further milestone. 

As we mature, we internalize social norms that promote honesty. We begin to understand that, although we can lie, we shouldn’t really. And if we do, we should confess. A classic psychology experiment illustrates this developmental milestone well: Children were told about a character who committed a transgression and initially kept it secret. As the story unfolds, the character either continues to lie or confesses. Younger children (4-to-5 years) imagined feeling better when they acted badly, lied, and didn’t confess. They justified their thinking by the gains they perceived from the lie and the desire to avoid punishment. Older children (7-to-9 years) had the opposite pattern of responses. They reported that they would feel better if they confessed and expected that their parents would react more positively to their confessing than did the younger children. If this complex set of cognitive and moral development milestones do not advance in synchrony, the pattern of lying becomes highly problematic. In fact, by middle childhood, chronic lying without correction is related to poor development of conscience, weak self-regulatory control, and antisocial behavior.

By 4 years of age, about 80% of us will have already made our first forays into not telling the truth.

By 4 years of age, about 80% of us will have already made our first forays into not telling the truth.

4.The brain and lying. 

A line of research suggests structural brain differences in frequent liars and implicates the prefrontal cortex as an important component in the neural circuitry of lying. One study suggests that lying is associated with more neural fibers by volume in their prefrontal cortices, suggesting that habitual liars have greater connectivity within their brains. It’s possible this predisposes some individuals to lying because they can think up lies more readily than others. Alternatively the increased volume may be the result of repeated lying. Psychologists have also scanned the brains of subjects using functional magnetic resonance imaging (fMRI) and found that those who act dishonestly show greater activation in the nucleus accumbens– a structure in the brain that plays a key role in reward processing.

5.Lying, truth telling and mental health. “Truth isn’t truth” may be true if the intent is to say that multiple understandings of a particular issue may exist simultaneously. That being said, it is probably true that “lying is lying” when we consider its essential features. In terms of the implications for our mental health, lying is inherently interpersonal and has profound implications on relationships causing loss of trust and feelings of betrayal. But we know from research on exposure to adverse consequences, that as much as the lying has implications, these will be mediated by how we respond and repair the damage done, which essentially rests on truth telling to restore trust.

 

Kathleen M. Pike, PhD is Professor of Psychology and Director of the Global Mental Health Program at the Columbia University Medical Center (CUMC). For more information, please visit cugmhp.org or call 646.774.5308.

 

Lecciones sobre mentir

Por Kathleen M. Pike

La declaración de Meet the Press del abogado de Trump, Rudy Giuliani, de que “la verdad no es verdad” se volvió viral recientemente. Su afirmación planteó preguntas sobre la ciencia y la psicología de decir la verdad y su anverso, mentir, ya que se relacionan con el desarrollo cognitivo y moral y la salud mental.

1.¿Cuál es el vínculo entre decir la verdad y la salud mental? 

Las personas con ciertos trastornos psiquiátricos muestran conductas específicas de mentira. Aquellos con características de personalidad antisocial tienden a decir mentiras manipuladoras, mientras que los individuos con rasgos de carácter más narcisistas tienden a decir falsedades que sirven a su autoimagen. Las personas que sufren trastornos psicóticos a menudo pueden contar historias que no son ciertas. En este caso, lo que puede parecer mentir es en realidad una función de la incapacidad de distinguir la realidad de la fantasía.

2.La verdad sobre mentir.

 Mentir refleja dos importantes hitos del desarrollo. En nuestros años más jóvenes, somos esencialmente incapaces de mentir porque solo entendemos nuestra visión del mundo y pensamos que todos la comparten. Alrededor de los tres o cuatro años, desarrollamos lo que los psicólogos llaman una “teoría de la mente”, que es la capacidad de comprender el concepto de perspectiva y la idea de que diferentes personas pueden tener diferentes creencias, intenciones y conocimiento de los demás. También son fundamentales para mentir las capacidades cognitivas de la planificación, la atención y el autocontrol, que reflejan el desarrollo de las funciones ejecutivas del cerebro. Con estos hitos de maduración llega la experimentación con la mentira. A los 4 años de edad, aproximadamente el 80 por ciento de nosotros ya habremos hecho nuestras primeras incursiones para no decir la verdad. Entre 5 y 7 años, casi el 100 por ciento de nosotros formamos parte del club. Debido a que la teoría de la mente y las funciones ejecutivas de planificación, atención y autocontrol no solo son útiles para la mentira sino también para la comunicación efectiva y la interacción social, las primeras mentiras blancas podrían, irónicamente, ser secretamente aplaudidas como reflejo de un desarrollo cognitivo saludable.

Rudy Giuliani está fungiendo como abogado de Donald Trump.

Rudy Giuliani está fungiendo como abogado de Donald Trump.

3.Elegir no mentir es otro hito. 

A medida que maduramos, internalizamos las normas sociales que promueven la honestidad. Comenzamos a entender que, aunque podemos mentir, no deberíamos hacerlo realmente. Y si lo hacemos, debemos confesar. Un experimento clásico de psicología ilustra bien este hito del desarrollo: a los niños se les dijo acerca de un personaje que cometió una transgresión y que inicialmente l mantuvo en secreto. A medida que se desarrolla la historia, el personaje continúa mintiendo o confesando. Los niños más pequeños (de 4 a 5 años) imaginaban que se sentían mejor cuando actuaban mal, mentían y no confesaban. Justificaron su pensamiento por los logros que percibieron de la mentira y el deseo de evitar el castigo. Los niños mayores (de 7 a 9 años) tuvieron el patrón opuesto de respuestas. Informaron que se sentirían mejor si confesaban y esperaban que sus padres reaccionaran más positivamente a su confesión que los niños más pequeños. Si este complejo conjunto de hitos de desarrollo cognitivo y moral no avanza en sincronía, el patrón de mentira se vuelve altamente problemático. De hecho, a mediados de la niñez, la mentira crónica sin corrección se relaciona con un desarrollo deficiente de la conciencia, un control autorregulador débil y un comportamiento antisocial.

4.El cerebro y la mentira. 

A los 4 años de edad, aproximadamente el 80 por ciento de nosotros ya habremos hecho nuestras primeras incursiones para no decir la verdad.

A los 4 años de edad, aproximadamente el 80 por ciento de nosotros ya habremos hecho nuestras primeras incursiones para no decir la verdad.

Una línea de investigación sugiere diferencias cerebrales estructurales en mentirosos frecuentes e implica a la corteza prefrontal como un componente importante en el circuito neural de la mentira. Un estudio sugiere que mentir se asocia con más fibras neuronales por volumen en sus cortezas prefrontales, lo que sugiere que los mentirosos habituales tienen una mayor conectividad dentro de sus cerebros. Es posible que esto predisponga a algunas personas a mentir porque pueden pensar mentiras más fácilmente que otras. Alternativamente, el aumento del volumen puede ser el resultado de mentir repetidamente. Los psicólogos también han escaneado los cerebros de los sujetos utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés) y encontraron que quienes actúan deshonestamente muestran mayor activación en el nucleus accumbens, una estructura en el cerebro que desempeña un papel clave en el procesamiento de recompensas.

5.Mentir, decir la verdad y la salud mental. 

“La verdad no es verdad” puede ser verdad si la intención es decir que múltiples entendimientos de un problema en particular pueden existir simultáneamente. Dicho esto, probablemente sea cierto que “mentir es mentir” cuando consideramos sus características esenciales. En términos de las implicaciones para nuestra salud mental, la mentira es inherentemente interpersonal y tiene profundas implicaciones en las relaciones que causan pérdida de confianza y sentimientos de traición. Pero sabemos por la investigación sobre la exposición a consecuencias adversas que tanto como la mentira tiene implicaciones, éstas estarán mediadas por la forma en que respondamos y repararemos el daño infligido, que esencialmente se basa en decir la verdad para restablecer la confianza.

 

Kathleen M. Pike, PhD, es profesora de Psicología y directora del Programa Global de Salud Mental en el Centro Médico de la Universidad Columbia (CUMC, por sus siglas en inglés). Para obtener más información, por favor visite cugmhp.org o llame al 646.774.5308.