“I even miss the Lego mess”
“Hasta extraño el desastre de legos”

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“I even miss the Lego mess”

By Karines Reyes

“I cherish my colleagues,” says Karines Reyes.

Before we were contending with a global pandemic, 2020 had been designated as the international year of the nurse and midwife by the World Health Assembly, the decision-making body of the World Health Organization (WHO).

It is a campaign commemorating the 200th anniversary of the birth of Florence Nightingale, considered the founder of modern nursing. The initiative sought to bring awareness to the important role nurses play in helping achieve global health equity.

COVID-19 has put a spotlight on our profession that we never anticipated.

As we literally attempt to nurse the world to good health, many regard us as heroes, but for a nurse that’s difficult to internalize.

Nursing is hard work. We work long hours and are chronically understaffed. A large number of nurses endure physical and verbal abuse on the job. Often, the facilities in which we give our all to do not (and sometimes cannot) provide us with the tools to best serve our patients.

It can feel hopeless, yet you’ll be hard-pressed to find a nurse who doesn’t love the art of nursing.

For all of us, RN is more than a title, it’s a vocation.

We don’t see ourselves as heroes.

We are fulfilling our mission of helping to heal our patients, their families, and our communities.

I often get asked, “Why go back to nursing at a time like this?”

I say, “Why not?”

The truth is, I missed being at the bedside. Even at a time like this, where there is so much uncertainty, it is nice to know that something I did today may help someone live tomorrow. However, this all comes with its challenges.

Social distancing goes against human nature. Our world is not built to avoid human contact. We are all struggling with staying six feet apart, managing work and school responsibilities remotely, and missing our friends and family. Suddenly, we have become very acutely aware of our own mortality. There is a lot of extra time to contemplate life, everything we’ve achieved or have yet to. All of these new concerns extract a heavy toll on our emotional health.

For me, being away from my children while I work long days and nights has been the most taxing. I miss the feeling of their arms around my neck when I try to pick them up (they’re much too heavy for me to carry them now), kissing the top of their heads when they sit at the table for breakfast and hearing their laughter fill our apartment. I even miss the mess they would make in their room with Lego blocks.

Florence Nightingale.

I’ve learned to take comfort in the little things, such as the daily FaceTime calls with my boys; trying out new recipes; finishing D.I.Y. projects with my loving soulmate and watching our favorite programs on quiet evenings.

Even during a long shift, there will be something to remind us that we are more than this pandemic, that life is still good.

There is always that one happy and grateful patient who looks at the brighter side of things; my hospital colleagues’ ability to maintain a sense of humor; and even that thirst-quenching cocktail to look forward to. At the end of a long shift, nothing is quite as affirming as a toast with my fellow nurses of equal parts ginger ale, cranberry juice and ice chips before we head out.

I’m grateful for being healthy. It has afforded me the ability to be an instrument of good during a dark time.

I’m thankful for the fighting spirit of my community, the brotherhood they’ve displayed every day and I value the smile in the eyes of masked New Yorkers.
As I look upon this most extraordinary Nurses’ Week, I cherish my colleagues, the countless nurses across the world whose ranks I join every day to battle this disease.

“We are proud to serve,” states Reyes.

We risk exposing ourselves to this deadly virus knowing there is currently no cure.

We are the daily prescription of hope for the patients we care for, their families, and we are proud to serve.

Karines Reyes is a Registered Nurse who has been back on the frontlines serving in her scrubs at the Montefiore Medical Center since March 28th. Reyes has been a member of the New York State Assembly, representing the 87th District since January 2019. For more, please visit  nyassembly.gov/mem/Karines-Reyes or call 718.931.2620.

“Hasta extraño el desastre de legos”

Por Karines Reyes

“Valoro a mis colegas”, dice Karines Reyes.

Antes de enfrentar una pandemia mundial, el 2020 fue designado como el año internacional de la enfermera y la partera por la Asamblea Mundial de la Salud, el órgano de toma de decisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS, por sus siglas en inglés).

Es una campaña que conmemora el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, considerada la fundadora de la enfermería moderna. La iniciativa buscó crear conciencia sobre el importante papel que juegan las enfermeras para ayudar a lograr la equidad en salud global. La COVID-19 ha destacado nuestra profesión de una forma que nunca anticipamos.

Mientras intentamos literalmente procurar al mundo con buena salud, muchos nos consideran heroínas, pero para una enfermera eso es difícil de internalizar. La enfermería es un trabajo duro. Laboramos largas horas y tenemos escasez crónica de personal. Una gran cantidad de enfermeras sufren abusos físicos y verbales en el trabajo. A menudo, las instalaciones en las que damos todo lo que podemos no nos brindan (y a veces no pueden) las herramientas para servir mejor a nuestros pacientes.

Podemos sentirnos desesperadas, sin embargo, será difícil encontrar a una enfermera que no adore el arte de la enfermería.

Para todas nosotras, es más que un título, es una vocación.

No nos vemos como heroínas.

Estamos cumpliendo nuestra misión de ayudar a sanar a nuestros pacientes, sus familias y nuestras comunidades. A menudo me preguntan: “¿Por qué regresar a la enfermería en un momento como este?”.

Yo digo: “¿Por qué no?”.

La verdad es que extrañaba estar al lado de la cama. Incluso en un momento como este, donde hay tanta incertidumbre, es bueno saber que algo que hice hoy puede ayudar a alguien a vivir mañana. Sin embargo, todo esto viene con sus desafíos. El distanciamiento social va en contra de la naturaleza humana. Nuestro mundo no está construido para evitar el contacto humano. Todos estamos luchando por permanecer a seis pies de distancia, administrar las responsabilidades laborales y escolares de forma remota, y extrañar a nuestros amigos y familiares. De repente, nos hemos vuelto muy conscientes de nuestra propia mortalidad. Hay mucho tiempo extra para contemplar la vida, todo lo que hemos logrado, o aún no hemos logrado. Todas estas nuevas preocupaciones extraen un alto costo en nuestra salud emocional.

Para mí, estar lejos de mis hijos mientras trabajo largos días y noches ha sido lo más agotador. Extraño la sensación de sus brazos alrededor de mi cuello cuando trato de levantarlos (son demasiado pesados para que los pueda cargar ahora), besar la parte superior de sus cabezas cuando se sientan a la mesa para desayunar y escuchar sus risas llenar nuestro apartamento. Incluso extraño el desastre que hacían en su habitación con bloques de legos.

Florence Nightingale.

He aprendido a consolarme con las pequeñas cosas, como las llamadas diarias de FaceTime con mis hijos; probar nuevas recetas; terminar proyectos de bricolaje con mi amada alma gemela y ver nuestros programas favoritos en noches tranquilas.

Incluso durante un largo turno, habrá algo que nos recuerde que somos más que esta pandemia, que la vida sigue siendo buena.

Siempre hay un paciente feliz y agradecido que mira el lado positivo de las cosas; la capacidad de mis colegas del hospital para mantener el sentido del humor; e incluso ese cóctel para calmar la sed. Al final de un largo turno, nada es tan afirmativo como un brindis con mis compañeras enfermeras a partes iguales de ginger ale, jugo de arándano y pedazos de hielo antes de salir.

Estoy agradecida por estar sana. Me ha brindado la capacidad de ser un instrumento del bien durante un tiempo oscuro.

Estoy agradecida por el espíritu de lucha de mi comunidad, por la hermandad que han mostrado todos los días y valoro la sonrisa en los ojos de los neoyorquinos que usan mascarilla.

“Estamos orgullosas de servir”, afirma Reyes.

Cuando miro esta Semana de Enfermeras más extraordinaria, valoro a mis colegas, a las innumerables enfermeras de todo el mundo a cuyas filas me uno todos los días para combatir esta enfermedad.

Nos arriesgamos a exponernos a este virus mortal sabiendo que actualmente no hay cura.

Somos la receta diaria de esperanza para los pacientes a los que cuidamos, para sus familias, y estamos orgullosas de servir.

Karines Reyes es una enfermera titulada que ha regresado a la línea de batalla con su ropa quirúrgica en el Centro Médico Montefiore desde el 28 de marzo. Reyes ha sido miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York, representando al Distrito 87 desde enero de 2019. Para más información, por favor visite  nyassembly.gov/mem/Karines-Reyes o llame al 718.931.2620.