If French fries are wrong…
Si las papas fritas están mal…

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If French fries are wrong…

By Kathleen M. Pike

“If French fries are wrong, I don’t want to be right.”

Printed on the side of a beach bag in a store window, this line made me laugh.

The truth is, I love French fries. Actually, I am good with potatoes in every form – baked, mashed or made into chips and seasoned with sea salt and vinegar. Maybe it’s that bit of Irish heritage in me. But, seriously, beyond French fries, what about those things in our lives that we experience as wrong and desperately want to make right, and just can’t?

1. Try, try, and try again. Much has been written about mental health, grit and resilience. We teach our children to face challenges and learn the skills that it takes to solve the myriad problems that we inevitably experience in life. From the time children are learning to walk, we urge them to stand up and try again after they land on their bums. We cajole them to get back on the bike after they’ve skinned their knees. We coach them to study harder when the trigonometry lesson doesn’t make any sense. Grit, determination, and resilience lead to enhanced sense of agency, confidence and self-esteem – all of which are good for our mental health.

2. But sometimes it doesn’t matter how hard we try. Eventually, we each have life experiences and problems where even grit, determination and resilience don’t get us the outcomes we want. Whether these traumatic experiences occur earlier or later in life, they can have profound emotional and psychological impact. At the extreme, they render us more vulnerable to anxiety, depression and impairment in mental health and wellbeing.

3. In search of understanding. When I was in training to become a clinical psychologist, the fundamental goal of psychotherapy was understanding. It was thought to be the linchpin of mental health and wellbeing. Sessions of exploration would lead to uncovering unconscious wishes, drives, and fantasies. Analysis of experience would lead to understanding interpersonal and intrapsychic dynamics. Clarity would emerge and relieve mental distress and illness. Associated anxiety and depression would resolve. It is a process that works well – much of the time.

Always a good choice.

4. The limits of understanding. The world is a complex place. People in our lives are multifaceted. Life is complicated. Sometimes understanding only gets us so far. This is particularly true in the case of trauma. Why does a friend die of a rare cancer? Why are innocent people killed in a fire? Why does a parent abuse a child? Why does a partner turn away? Although we can describe these life events, at a certain point, we reach the limits of understanding. We need other strategies to help us get to healing.

5. The power of acceptance. The world of psychotherapy continues to evolve as we grow in our recognition of the impact of trauma on mental health. Psychotherapies today more broadly embrace and integrate the role of acceptance in healing, as reflected in interventions like Acceptance and Commitment Therapy (ACT). Building on the principles of cognitive and behavioral therapies, ACT helps individuals develop self-compassion and acceptance of their emotional experiences, gain perspective on past trauma, and commit to constructively focusing on what is in one’s control to make decisions and move forward in ways that promote mental health and wellbeing to find peace that passes understanding.

As I reflect on this dynamic relationship between understanding and acceptance, I am transported back in time to Mrs. Rogers, my favorite elementary school teacher. Knowing that my family was going through a difficult stretch, she found me on the playground one day and gave me a bracelet engraved with the Serenity Prayer, “Grant me the serenity to accept the things I cannot change, the courage to change the things I can, and the wisdom to know the difference.”

Little did I know that decades later this sage intelligence would be findings its way into mainstream models of mental health and psychotherapy.

Kathleen M. Pike, PhD is Professor of Psychology and Director of the Global Mental Health Program at the Columbia University Medical Center (CUMC). For more information, please visit cugmhp.org.

Si las papas fritas están mal…

Por Kathleen M. Pike

“Si las papas fritas están mal, no quiero tener razón”.

Esta línea, impresa en el costado de una bolsa de playa en el escaparate de una tienda, me hizo reír.
La verdad es que me encantan las papas fritas. En realidad, soy buena con las papas en todas sus formas: al horno, en puré o en papas fritas y sazonadas con sal marina y vinagre. Tal vez sea ese poco de herencia irlandesa en mí. Pero, en serio, más allá de las papas fritas, ¿qué pasa con esas cosas en nuestras vidas que experimentamos como incorrectas y queremos desesperadamente corregirlas y simplemente no podemos?

1. Intentar, intentar, y volver a intentarlo. Mucho se ha escrito sobre la salud mental, la determinación y la resiliencia. Enseñamos a nuestros hijos a enfrentar desafíos y aprender las habilidades necesarias para resolver la infinidad de problemas que inevitablemente experimentamos en la vida. Desde el momento en que los niños están aprendiendo a caminar, los instamos a que se pongan de pie y vuelvan a intentarlo después de caer sobre el trasero. Los persuadimos para que vuelvan a subirse a la bicicleta después de que se hayan lastimado las rodillas. Les enseñamos a estudiar más duro cuando la lección de trigonometría no tiene ningún sentido. El valor, la determinación y la capacidad de recuperación conducen a un mayor sentido de voluntad, confianza y autoestima, todos los cuales son buenos para nuestra salud mental.

2. Pero a veces no importa cuánto lo intentemos. Eventualmente, cada uno de nosotros tiene experiencias y problemas en la vida en los que ni siquiera el valor, la determinación y la resiliencia nos dan los resultados que queremos. Ya sea que estas experiencias traumáticas ocurran antes o después en la vida, pueden tener un profundo impacto emocional y psicológico. En el extremo, nos hacen más vulnerables a la ansiedad, la depresión y el deterioro de la salud mental y el bienestar.

3. En búsqueda del entendimiento. Cuando estaba en formación para convertirme en psicóloga clínica, el objetivo fundamental de la psicoterapia era el entendimiento. Se pensaba que era el eje de la salud mental y el bienestar. Las sesiones de exploración llevarían a descubrir deseos, impulsos y fantasías inconscientes. El análisis de la experiencia conduciría a comprender la dinámica interpersonal e intra psíquica. La claridad emergería y aliviaría la angustia y la enfermedad mental. La ansiedad y la depresión asociadas se resolverían. Es un proceso que funciona bien, la mayor parte del tiempo.

Siempre una buena opción.

4. Los límites del entendimiento. El mundo es un lugar complejo. Las personas en nuestras vidas son multifacéticas. La vida es complicada. A veces, la comprensión solo nos lleva hasta cierto punto. Esto es particularmente cierto en el caso de un trauma. ¿Por qué muere un amigo de un cáncer poco común? ¿Por qué mueren personas inocentes en un incendio? ¿Por qué un padre maltrata a un niño? ¿Por qué una pareja se aleja? Aunque podemos describir estos eventos de la vida, en cierto punto, llegamos a los límites de la comprensión. Necesitamos otras estrategias que nos ayuden a sanar.

5. El poder de la aceptación. El mundo de la psicoterapia continúa evolucionando a medida que crecemos en nuestro reconocimiento del impacto del trauma en la salud mental. Las psicoterapias de hoy abarcan e integran de manera más amplia el papel de la aceptación en la curación, como se refleja en intervenciones como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés). Sobre la base de los principios de las terapias cognitivas y conductuales, la ACT ayuda a las personas a desarrollar la autocompasión y la aceptación de sus experiencias emocionales, a obtener una perspectiva sobre el trauma pasado y comprometerse a centrarse de manera constructiva en lo que está bajo nuestro control para tomar decisiones y avanzar de manera que se fomente la salud mental y el bienestar para encontrar la paz que sobrepase el entendimiento.

Al reflexionar sobre esta relación dinámica entre el entendimiento y la aceptación, me transporto en el tiempo con la Sra. Rogers, mi maestra favorita de la escuela primaria. Sabiendo que mi familia estaba pasando por un momento difícil, un día me encontró en el patio de recreo y me dio un brazalete grabado con la Oración de la Serenidad: “Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia”.

Poco sabía yo que décadas más tarde, esta sabia inteligencia se abriría paso en los modelos convencionales de la salud mental y la psicoterapia.

Kathleen M. Pike, PhD, es profesora de Psicología y directora del Programa Mundial de Salud Mental en el Centro Médico de la Universidad Columbia (CUMC, por sus siglas en inglés). Para más información, por favor visite cugmhp.org.