Watching and Waiting
Mirando y esperando

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Watching and Waiting

By José Calderón

Calderón is the President of The Hispanic Federation.

Last month, the United States Supreme Court heard oral arguments in U.S. v. Texas.

The case, based on a lawsuit filed against the federal government by the State of Texas, will weigh in on the legality of President Obama’s executive actions creating the Deferred Action for Parents of Americans (DAPA) and expanding the Deferred Action for Child Arrivals (DACA). It is the view of a large number of constitutional scholars and immigration experts – and one we strongly share at the Hispanic Federation – that there are ample and well-established historical precedents for the President’s actions concerning the setting of our nation’s immigration removal priorities.

José Calderón.

José Calderón.

But it’s easy to get wrapped up in the legal arguments of the case, especially since the issues at stake include issues of states’ rights and the limits of presidential power.

But as I read the transcripts of the arguments made at the Court, I was less interested in the legal arguments and more concerned about the ramifications of the justices’ decision on undocumented moms and dads. Moms and dads, to tell the truth, like mine.

Decades ago, my parents, immigrants from the Dominican Republic, overstayed their visas, and became like so many others before and after them, undocumented. Those years, years when my parents worked tirelessly to build a life for themselves and our family, were ones of fear and worry in our home. They knew that despite working, being active in their communities, paying taxes, and contributing to the greatness of their new nation, they were one deportation order away from losing it all.

Taking a stand.

Taking a stand.

Looking back, now as a parent myself, I can’t tell you how much I admire their strength, courage, and ability to build as normal a family life as their status allowed them.

Eventually, my parents were able to regularize their status in the United States.  Much older now, they watch and absorb the success that has accrued to their children and grandchildren. They love and are eternally grateful to our nation. We are the lucky ones.

In the years since my parents were able to become citizens, our national outlook on immigrants has hardened. We have betrayed the values of openness and opportunity for the world’s dreamers that have made this country great.  Congress has done little in more than twenty years to address the very real failures and shortcomings in our immigration system. They have opted for punitive laws and harsh enforcement over sensible and humane policies that would bring undocumented immigrants out of the shadows and into full participation in our society.

President Obama’s executive actions in 2014 were designed to use the limited powers of the presidency to do what Congress had refused to do; namely, provide a temporary opportunity for a number of hardworking immigrants to stay in the country and work legally.

The lawsuit brought by the State of Texas is a cruel rejoinder to the President’s attempt to address a problem that not many people in Texas, or Washington for that matter, seem interested in fixing. Confronted with action, they have yet again chosen obstruction.

La Corte Suprema.

The Supreme Court.

By all accounts, the Supreme Court, caught in its own internal crisis after the death of Associate Justice Antonin Scalia, should decide on U.S. v. Texas by late spring.

I’ll be watching and waiting; thinking of my parents and the men and women who, like them, have risked everything to make a better life in America and, in turn, have made America better.

Mirando y esperando

Por José Calderón

Calderón es el presidente de la Federación Hispana.

El mes pasado, la Corte Suprema de los Estados Unidos escuchó argumentos orales en EE.UU. vs. Texas.

El caso, con base en una demanda presentada contra el gobierno federal por el estado de Texas, sopesará la legalidad de las acciones ejecutivas del presidente Obama respecto a la creación de la Acción Diferida para los padres de los Estadounidenses (DAPA por sus siglas en inglés) y la ampliación de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés). Es la opinión de un gran número de estudiosos de la Constitución y expertos en inmigración -y una que compartimos con fuerza en la Federación Hispana- que hay amplios y bien establecidos precedentes históricos para las acciones del presidente en relación con el establecimiento de las prioridades de expulsión de inmigrantes de nuestra nación.

Pero es fácil quedar envuelto en los argumentos legales del caso, sobre todo porque los temas en cuestión son de derechos de los estados y de los límites del poder presidencial.

La Corte Suprema.

La Corte Suprema.

Pero al leer las transcripciones de los argumentos esgrimidos en la Corte, estaba menos interesado en los argumentos legales y más preocupado por las ramificaciones de la decisión de los jueces sobre las madres y los padres indocumentados. Madres y padres, a decir verdad, como los míos.

Hace décadas mis padres, inmigrantes de la República Dominicana, se quedaron tras el vencimiento de sus visas y se volvieron como tantos otros antes y después de ellos, indocumentados. En aquellos años, años, cuando mis padres trabajaban sin descanso para construirse una vida para ellos y para nuestra familia, fueron de miedo y preocupación en nuestro hogar. Sabían que a pesar de trabajar, de ser activos en sus comunidades, de pagar impuestos y de contribuir con la grandeza de su nueva nación, estaban a una orden de deportación de perderlo todo.

Taking a stand.

Declarado.

Mirando hacia atrás, ya como padre yo mismo, no puedo decirles cuánto admiro su fuerza, coraje y la capacidad de construir una vida normal como familia en la medida en que su estatus se los permitió.

Eventualmente mis padres pudieron regularizar su situación en los Estados Unidos. Mucho más viejos ahora, ven y absorben el éxito que se ha acumulado en sus hijos y nietos. Aman a, y están eternamente agradecidos con, nuestra nación. Somos los afortunados.

En los años desde que mis padres pudieron convertirse en ciudadanos, nuestra perspectiva nacional sobre los inmigrantes se ha endurecido. Hemos traicionado los valores de apertura y de oportunidades para los soñadores del mundo que han hecho grande a este país. El Congreso ha hecho poco en más de veinte años para hacer frente a los fracasos muy reales y las deficiencias de nuestro sistema de inmigración. Ha optado por leyes punitivas y duras sobre la aplicación de políticas sensatas y humanas que saquen a los inmigrantes indocumentados de las sombras hacia la plena participación en nuestra sociedad.

Las acciones ejecutivas del presidente Obama en 2014 fueron diseñadas para usar los limitados poderes de la presidencia para hacer lo que el Congreso se había negado a hacer: proporcionar una oportunidad temporal a un número de inmigrantes trabajadores para permanecer en el país y trabajar legalmente.

La demanda presentada por el estado de Texas es una réplica cruel al intento del presidente para abordar un problema que no muchas personas en Texas o Washington, para el caso, parecen estar interesadas en resolver. Confrontados con la acción, sin embargo, han vuelto a elegir la obstrucción.

José Calderón.

José Calderón.

A todas luces la Corte Suprema, atrapada en su propia crisis interna después de la muerte del juez Antonin Scalia, debe decidir sobre EE.UU. vs. Texas al final de la primavera.

Voy a estar mirando y esperando; pensando en mis padres y en los hombres y mujeres que, como ellos, han arriesgado todo para hacer una vida mejor en Estados Unidos y, a su vez, han hecho de Estados Unidos mejor.