Un año que viene y otro que se va

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Un año que viene y otro que se va

By Luis A. Miranda, Jr.
Publisher, The Manhattan Times and The Bronx Free Press

El hito.

The milestone.

During the first 18 years of my life, every year, my family would get together at the home of Mama Justa, my maternal grandmother.

With farewell songs “a lo tipico,” we would send the old year packing and eagerly await the New Year.

At 12 midnight on the dot, after kisses, hugs and much commotion, we would throw water out onto the street to get rid of any bad spirits. That was always my favorite part.

And sometimes, as if I were in a movie, and I was the only viewer, I would sit in a corner of the party room and look on in pride at the bedlam of a family that loved, cared for, fought and made peace with each other – a family that shared.

It has rained a lot since those days in Río Piedras, Puerto Rico.

Many members of that generation that used to gather together with Mama Justa’s house are no longer with us. It is during this time of year that I remember them the most.

The best way to honor them is by maintaining that tradition. It begins a few days before the end of the year, and includes taking inventory of what has happened. It is a time to learn from the mistakes, cheer the triumphs, make new resolutions and plan the New Year’s party.

Llego Sebastian.

Sebastian arrived this year.

2014 was marvelous. Without a doubt, the culminating moment was the birth of Sebastian, our newest Miranda. The son of my son Lin-Manuel and my daughter-in-law Vanessa will grow up with his cousins. My adored grandsons Luisito, Alejandro and Dylan Javier will be able to teach him the things that kids teach each other – how to ever-so-slightly manipulate the truth, how to keep secrets from their parents, how to understand the world from the perspective of a little one. They will be defended, and sometimes counseled, by my cherished nephew Miguel, who will soon be 14 years old.

On December 31st, Sebastian will also join in our traditions at New Year’s Eve.

And though nothing compares to his arrival, celebrating my 60th birthday was also a very emotional moment this year. My birthday party captured the fruits of many labors and many years, personally, community-wise and politically.

Río Piedras, Puerto Rico.

Río Piedras, Puerto Rico.

First, my entire family was there, including my loved ones from Puerto Rico. That was huge. It is incredible that while I left the island 42 years ago, my relationship with my siblings remains as if we were neighbors. My friends who are elected officials – Melissa, Guillermo, Adriano, Julissa, José and Ydanis – were also present. Having friends with whom I have grown old with, as well as those who keep me young, at the party was phenomenal. There were no speeches (other than mine) and everyone had a great time and danced to the sound of Flaco Navaja. This “salsero”, whom we came across during an event in El Barrio, is a singer from the school of Rubén Blades and Gilberto Santa Rosa.

His songs are stories.

And dancing is always my priority.

Lin-Manuel y Luz.

Lin-Manuel and Luz.

I shared the thrilling moments of winning of an Emmy Award with my son Lin-Manuel, who was awarded for composing the opening number of the 2013 Tony Awards ceremony. I will always remember squeezing his hand with expectation and excitement, as if he were a little boy again, in the moment before his name was announced as the winner.

And with my treasured wife, Luz, I went on a trip to London for the opening of In the Heights across the pond. Proud as peacocks, Luz and I were treated like royalty by the cast and crew of the production.

It is with my daughter Luz that I share the exciting and occasionally monotonous task of maintaining our company, The MirRam Group. Cita, as we lovingly call her, is my right hand of our daily operations. I am proud to be able to separate the roles being her Dad and her boss. She is a tremendous daughter, mother, sister and partner.

And in 2014, my Miguel, has made me proud all over again by making honor roll at his new school, while his mother, my niece Landa, is working hard to finish her degree and still making certain that every copy of The Manhattan Times and The Bronx Free Press is distributed to every corner of our boroughs.

I long for 2015!

Mi esposa, la Dra. Luz Towns Miranda, y yo hemos celebrado casi cuatro décadas de matrimonio.

My wife, Dr. Luz Towns Miranda, and I have shared nearly four decades of marriage together.

My son Lin-Manuel’s new play, Hamilton, opens at The Public Theatre.  Though I am a little biased, I know it to be a magnificent work of art that will place him as one of the great composers of his generation.

And his triumph will be the collective triumph of the Miranda clan.

On that opening night, my luminous wife and I will look at each other, as we have done millions of times over almost four decades of marriage, and without words, we will tell the other, “We are doing a good job, honey.”

¡Feliz Año Nuevo!

¡Un año que viene y otro que se va!

Por Luis A. Miranda, Jr.
Publisher, The Manhattan Times y The Bronx Free Press

Río Piedras, Puerto Rico.

Río Piedras, Puerto Rico.

Durante los primeros 18 años de mi vida, cada año, mi familia se reunía en casa de Mamá Justa, mi abuela materna, y con cantos de “un año que viene y otro que se va”, esperábamos el nuevo año.

A las 12 en punto, luego de besos, alboroto y abrazos, tirábamos agua a la calle para eliminar los malos espíritus.  Era mi momento favorito.

Y a veces, como si estuviera en una película, y yo fuese el único espectador, me sentaba en una esquinita de la marquesina, y miraba con orgullo la algarabía de una familia que se quería, se cuidaba, peleaba y nuevamente hacía las pases; una familia que compartía.

Ha llovido mucho desde esos días en Río Piedras, Puerto Rico.

La mayoría de esa  generación que fiesteaba en casa de Mamá Justa ya no está con nosotros.  Y durante esta época, es que los recuerdo más.

Mi esposa, la Dra. Luz Towns Miranda, y yo hemos celebrado casi cuatro décadas de matrimonio.

Mi esposa, la Dra. Luz Towns Miranda, y yo hemos celebrado casi cuatro décadas de matrimonio.

La mejor manera de honrarlos es manteniendo la tradición.  Es una tradición que comienza un par de días antes de que termine el año y envuelve el hacer inventario del año que termina, aprender de lo errado que ocurrió, aplaudir los triunfos, hacer nuevas resoluciones, y planear el fiestón para despedir el año.

El 2014 fue maravilloso.

Sin duda el momento culminante lo fue el darle la bienvenida a Sebastián, un nuevo Miranda.  El hijo de mi hijo  Lin-Manuel y mi nuera Vanessa, crecerá con sus primos.  Mis adorados nietos, Luisito, Alejandro y Dylan Javier, podrán enseñarle las cosas que los niños se enseñan – como manipular la verdad (solo un poquito), como mantener secretos de sus padres, como entender el mundo desde la perspectiva de ser chiquillo.  Serán defendidos, y me imagino que de vez en cuando aconsejados, por mi adorado sobrino Miguel que pronto cumple catorce años.

Llego Sebastian.

Llego Sebastian.

Y este 31 de diciembre, Sebastián comenzará la tradición de despedida de año.

Aunque nada compara con la llegada de Sebastián, el cumplir 60 años fue un momento muy emocionante. Mi fiesta de cumpleaños recogió el fruto de años de trabajo personal, comunitario y político.

Primero, toda mi familia estaba allí.  Tener la familia de Puerto Rico en el cumpleaños fue regio.  Es increíble que a pesar de que han pasado 42 años desde que me fui de la isla, mi relación con mis hermanos es como si fuéramos vecinos.  Mis amigos en la política dijeron presentes – Melissa, Guillermo, Adriano, Julissa, José e Ydanis.  Tener los amigos con los que he envejecido y muchos nuevos amigos que me mantienen joven fue fenomenal.  No hubo discursos (excepto el mío) y todos disfrutaron y bailaron al son de Flaco Navajo.  Este salsero, que habíamos conocido en una actividad en El Barrio, es un salsero de la escuela de Rubén Blades y Gilberto Santa Rosa.

¡A bailar se ha dicho!

¡A bailar se ha dicho!

Sus canciones son historias.

¡Y bailar para mí es prioridad!

Con mi hijo Lin-Manuel compartí el Emmy que se ganó por su composición de la apertura de los Premios Tonys en el 2013.  Siempre recordaré apretarle la mano en emoción mano, como cuando era un niñito, en el momento antes que anunciarán al ganador.  Con mi adorada esposa, Luz, compartí el viaje a Londres para la apertura de In the Heights.  Orgullosos como pavos reales con crestas hermosas, Luz y yo fuimos tratados como realeza por todo electo artístico y creativo de la producción.

Con mi hija Luz comparto la tarea excitante y a veces monótona de mantener nuestra compañía, MirRam Group.  Cita, como cariñosamente la llamamos, es mi mano derecha en el quehacer diario.  Me siento orgulloso de poder separar el ser padre y jefe.  Ella es una gran hija, madre, hermana y profesional.

Lin-Manuel y Luz.

Lin-Manuel and Luz.

Y con mi Miguel, me llené de orgullo cuando ahora en su nueva escuela sacó honores, y su mamá, mi sobrina Landa, está a la vuelta de la esquina para terminar su bachillerato mientras continúa repartiendo a tiempo el Manhattan Times y el Bronx Free Press a todos los rincones de nuestro territorio.

Espero ansioso el 2015.

El nuevo musical de mi hijo Lin-Manuel, Hamilton, estrena en el Public Theatre.  Es una obra de arte maravillosa que sin duda, y yo se que estoy parcializado, lo colocarán como uno de los grandes compositores de su generación.

Su triunfo será el triunfo del Clan Miranda.

Yo sé que la noche de estreno, mi esposa y yo nos daremos esa mirada sin palabras, esa misma mirada que nos hemos dado millones de veces durante casi cuatro décadas de matrimonio, que exclamará, “Estamos haciendo un gran trabajo, honey.”

¡Feliz Año Nuevo!