Rebels, Risk Takers and Reality
Rebeldes, tomadores de riesgos y realidad

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Rebels, Risk Takers and Reality

By Kathleen Pike

As my adolescent kids head out for a party that starts as I am heading to bed, I run through a checklist of safety reminders – stick with your friends, make sure your phone is charged, don’t drink the punch at the party, etc. Responding to the prevailing idea that our kids think they are invincible, I act as if reminding them of all the risks out there will somehow keep them safe.

But it doesn’t work.

The book is newly released.

The book is newly released.

Child and adolescent psychiatrist, Jess Shatkin, tells us in his newly released book, Born to Be Wild, that no matter how much we tell our kids they are at risk, it won’t change their behavior. How can that be? Here are some thoughts drawn from the book.

1. Adolescents already know about risk. They actually overestimate risk. Adolescents don’t need to be told about the hazards of drinking and driving, or having unprotected sex. In fact, they are inclined to grossly exaggerate the danger of engaging in such behaviors.

2. Adolescents also overestimate themselves. Adolescent thinking goes like this: Having unprotected sex will result in a sexually transmitted disease more than 75% of the time (actually not), but I have better than average judgment about people, and I know my partner doesn’t have anything to spread. Psychologists call these two errors of judgment “pluralistic ignorance” (i.e., Others don’t know how to protect themselves from the known risk) and “optimistic bias” (i.e., I know all about the risk, but I know better than others what it takes to protect myself).

Adolescence begins during the "tween" years.

Adolescence begins during the “tween” years.

3.  And don’t forget the dopamine frenzy. There is more dopamine flowing in the adolescent brain, and the adolescent brain is more responsive to dopamine, than at any other time in our lives. An essential neurochemical, dopamine plays a central role in our reward system and in promoting learning. In adolescence, we head out on the highway and take risk to get those intense hits of pleasure. The risk taking ensures the survival of our species by teaching us about what is pleasurable and what matters for survival – like eating and procreating.

4. Adolescence lasts longer than you think. Adolescence has its roots in the Latin, adolescere, meaning “to grow to maturity.” Historically, adolescent and teenager were synonymous. But modern studies of the brain tell us it starts sooner and lasts longer. At least in terms of brain development, adolescence begins during the “tween” years and the neural drama of this phase of brain development and pruning isn’t finished until well into our twenties.

5.  So what are parents to do? We fret for the safety of our kids. This makes total sense given the rates of depression, anxiety, suicide, substance abuse, and accidents as well as opioid and other drug-related deaths among our adolescents today. In Born to be Wild, Dr. Shatkin brings home the futility of lecturing our kids about risk. He makes adolescent risk taking make total sense – essential to healthy development of judgment, self-esteem, resilience, and self-knowledge. It’s even essential to the survival of the species. Dr. Shatkin also offers wisdom as a child and adolescent psychiatrist and as a parent on how we can help our kids find that sweet spot of healthy risk taking.

Born to be Wild makes brain science and social science research come to life in understanding our own adolescence and that of our kids. As Dr. Shatkin says, we are perfect parents until we have kids. Then reality hits.

Kathleen M. Pike, PhD is Professor of Psychology and Director of the Global Mental Health Program at Columbia University Medical Center. For more information, please visit cugmhp.org or call 646.774.5308.

Rebeldes, tomadores de riesgos y realidad

Por Kathleen Pike

Mientras mis hijos adolescentes se dirigen a una fiesta que comienza cuando me voy a la cama, reviso una lista de recordatorios de seguridad: quédense con sus amigos, asegúrense de que su teléfono esté cargado, no tomen ponche en la fiesta, etc. Respondiendo a la idea prevaleciente de que nuestros hijos piensan que son invencibles, actúo como si recordarles sobre todos los riesgos que existen de alguna manera los mantendrían a salvo.

Pero no funciona.

El psiquiatra de niños y adolescentes, Jess Shatkin, nos dice en su libro recién publicado, Born to Be Wild, que no importa cuánto les digamos a nuestros hijos que están en riesgo, no cambiará su comportamiento. ¿Como puede ser? Aquí algunos pensamientos extraídos del libro.

How to keep them safe?

¿Cómo mantenerlos seguros?

1. Los adolescentes ya conocen el riesgo. De hecho, sobreestiman el riesgo. Los adolescentes no necesitan que se les informe sobre los peligros de beber y conducir, o de tener relaciones sexuales sin protección. De hecho, tienden a exagerar extremadamente el peligro de involucrarse en tales comportamientos.

2. Los adolescentes también se sobreestiman. El pensamiento adolescente se comporta más o menos así: tener relaciones sexuales sin protección provocará una enfermedad de transmisión sexual más del 75% de las veces (en realidad no), pero tengo un juicio mejor que el promedio de las personas y sé que mi pareja no tiene nada que contagiar. Los psicólogos llaman a estos dos errores de juicio “ignorancia pluralista” (es decir, otros no saben cómo protegerse del riesgo conocido) y “parcialidad optimista” (es decir, sé todo sobre el riesgo, pero sé mejor que otros qué se necesita para protegerme a mí mismo).

Healthy risk-taking is part of human development.

La toma saludable de riesgos es parte del desarrollo humano.

3.  Y no olviden el frenesí de la dopamina. Hay más dopamina fluyendo en el cerebro adolescente y este cerebro es más receptivo a la dopamina que en cualquier otro momento de nuestras vidas. Un neuroquímico esencial, la dopamina desempeña un papel central en nuestro sistema de recompensa y en la promoción del aprendizaje. En la adolescencia, salimos a la carretera y tomamos riesgos para obtener esos intensos golpes de placer. La toma de riesgos garantiza la supervivencia de nuestra especie al enseñarnos lo que es placentero y lo que importa para la supervivencia, como comer y procrear.

4. La adolescencia dura más de lo que creemos. La adolescencia tiene sus raíces en el latín adolescere, que significa “crecer hasta la madurez”. Históricamente, el pubescente y el adolescente eran sinónimos. Pero los estudios modernos del cerebro nos dicen que comienza más pronto y dura más. Al menos en términos de desarrollo cerebral, la adolescencia comienza durante los años “interpolares” y el drama neural de esta fase del desarrollo del cerebro y la poda no termina hasta que estamos bien entrados en nuestros veinte.

5.  Entonces, ¿qué deben hacer los padres? Nos preocupamos por la seguridad de nuestros niños. Esto tiene sentido desde el punto de vista de las tasas de depresión, ansiedad, suicidio, abuso de sustancias y accidentes, así como las muertes por opiáceos y otras relacionadas con las drogas entre nuestros adolescentes en la actualidad. En Born to be Wild, el Dr. Shatkin presenta la inutilidad de sermonear a nuestros niños sobre el riesgo. Hace que la toma de riesgos en adolescentes tenga un sentido total, esencial para el desarrollo saludable del juicio, la autoestima, la capacidad de recuperación y el autoconocimiento. Incluso es esencial para la supervivencia de la especie. El Dr. Shatkin también ofrece sabiduría como psiquiatra de niños y adolescentes y como padre sobre cómo podemos ayudar a nuestros niños a encontrar ese punto ideal de toma saludable de riesgos.

Born to be Wild hace que la investigación en ciencias del cerebro y ciencias sociales cobre vida al comprender nuestra propia adolescencia y la de nuestros hijos. Como dice el Dr. Shatkin, somos padres perfectos hasta que tenemos hijos. Entonces tenemos un golpe de realidad.

Kathleen M. Pike, PhD, es profesora de Psicología y directora del Programa Global de Salud Mental en el Centro Médico de la Universidad Columbia. Para obtener más información, por favor visite cugmhp.org o llame al 646.774.5308.