Fresh Air Fund connects families

Fresh Air Fund conecta familias

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“It makes me feel great”

Story by Sherry Mazzocchi


Michelle, eight, spends summer days by the water, looking at different kinds of wildflowers.

With a pair of binoculars, she sees hummingbirds, robins and an occasional eagle. In the afternoon, she goes for a quick dip in the pool.

After drying off, she spends time with a new friend working on art projects.

After a day of simple pleasures, Michelle says, “It makes me feel great.”

Inhaling wildflower perfume, watching birds soar across clear blue skies uninterrupted by architecture or even just playing in a grassy yard is a rare treat for Michelle.

“The long-term experience has a profound impact,” said Jenny Morgenthau, Fresh Air Fund’s Executive Director. Photo by Paul Katcher

“The long-term experience has a profound impact,” said Jenny Morgenthau, Fresh Air Fund’s Executive Director.
Photo by Paul Katcher

Together with her family, Michelle lives in an apartment in the Bronx.

But for two weeks this summer, she’s spending her days in a small Pennsylvania town, courtesy of the Fresh Air Fund.

Host mom Sara Corrigan said when she was growing up, she remembered seeing children from out of town, playing in the water and having fun.

When she found out they were Fresh Air kids, she vowed one day she would become a host.

Last year, she, along with her husband and eight-year-old daughter, invited Michelle to spend two weeks with them in their rambling 10-room Greek revival summer home.

Now in her second summer, Michelle is learning how to skip stones and swim. “Two weeks goes fast,” Corrigan said.

Michelle is one of more than 1,000 Bronx children who’ll spend time in idyllic settings away from the city this summer.

The Fresh Air Fund got its start in 1877 when Rev. Willard Parsons was transferred from the Lower East Side to a rural town in Pennsylvania.

Recognizing that inner-city youth would benefit from the bucolic countryside, he asked his new parishioners if they would take in children from the cityfor a few weeks during the summer.

Now more than 9,000 children from New York City participate in the free annual program.

Many children participate in the program for several years, often with the same host family.

Others attend sleep-away camps in upstate New York.

“The long-term experience has a profound impact,” said Jenny Morgenthau, Fresh Air Fund’s Executive Director.

Children often make life-long friends with the parents and children of the host families.

More than 1,000 Bronx children will participate in the Fresh Air Fund programs this summer. Photo by James Levine

More than 1,000 Bronx children will participate in the Fresh Air Fund programs this summer.
Photo by James Levine

One former Fresh Air kid is now sharing an apartment with the son of his host family; the two are good friends. The family even paid for his boarding school.

Two women who first met as children maintained their friendship. Now that they are both widowed and in their 80’s, they moved in together.

Children get a respite from steamy city summers and parents are unburdened of the worry that their children are bored or left home unattended if they work.

Morgenthau said the host families uniformly say that they always get back more than they give.

Corrigan agrees.

Hosting children in the Fresh Air program was fulfilling one of her life-long dreams.

“I’d invite Michelle back for the rest of my life,” she said.

Please visit www.freshair.org for more information.

“Me hace sentir genial”

Historia por Sherry Mazzocchi


Michelle, de ocho años, pasa los días de verano junto al agua, mirando diferentes tipos de flores silvestres.

Con un par de binoculares, ve colibríes, petirrojos y ocasionalmente, un águila.

Por la tarde, se va a dar un chapuzón en la piscina.

Después de secarse, pasa el tiempo con un nuevo amigo que trabaja en proyectos de arte.

Después de un día de placeres simples, Michelle dice: “Me hace sentir muy bien.”

Inhalar el perfume de las flores silvestres, observar aves volando en cielos azules sin interrupciones por la arquitectura o simplemente jugando en un patio de césped es un gusto raro para Michelle.

"La experiencia a largo plazo tiene un impacto profundo", dijo Jenny Morgenthau, directora ejecutiva de Fresh Air Fund. Foto por Paul Katcher

“La experiencia a largo plazo tiene un impacto profundo”, dijo Jenny Morgenthau, directora ejecutiva de Fresh Air Fund.
Foto por Paul Katcher

Junto con su familia, Michelle vive en un apartamento en el Bronx.

Durante dos semanas este verano, pasará sus días en un pequeño pueblo de Pensilvania, cortesía de Fresh Air Fund.

La mamá anfitriona, Sara Corrigan, dice que cuando ella era pequeña, recuerda haber visto a niños de la ciudad, jugando en el agua y divirtiéndose.

Cuando se enteró de que eran niños Fresh Air, juró que un día se convertiría en anfitriona.

El año pasado, ella, junto con su esposo y su hija de ocho años de edad, invitaron a Michelle a pasar dos semanas en su laberíntica casa de verano de 10 habitaciones de resurgimiento griego.

Ahora, en su segundo verano, Michelle está aprendiendo a saltar piedras y nadar.

“Dos semanas se van rápido”, dijo Corrigan.

Michelle es una de los más de 1,000 niños del Bronx que pasarán tiempo este verano en entornos idílicos alejados de la ciudad.

Fresh Air Fund tuvo su inicio en 1877 cuando el Rev. Willard Parsons fue transferido del Lower East Side a un pueblo rural de Pensilvania.

Reconociendo que los jóvenes del centro de la ciudad se beneficiarían de la bucólica campiña, preguntó a sus nuevos feligreses si recibirían a niños de la ciudad por un par de semanas durante el verano.

Ahora, más de 9,000 niños de la ciudad de Nueva York participan en el programa anual gratuito.

Muchos niños participan en el programa durante varios años, a menudo con la misma familia anfitriona.

Otros asisten a campamentos en el norte del estado de Nueva York.

“La experiencia a largo plazo tiene un impacto profundo”, dijo Jenny Morgenthau, directora ejecutiva de Fresh Air Fund.

Los niños a menudo se hacen amigos de por vida de los padres y los niños de las familias anfitrionas.

Más de 1,000 niños del Bronx pasarán tiempo este verano en entornos idílicos alejados de la ciudad. Foto por James Levine

Más de 1,000 niños del Bronx pasarán tiempo este verano en entornos idílicos alejados de la ciudad.
Foto por James Levine

Un ex niño Fresh Air ha empezado a compartir departamento con el hijo de su familia anfitriona, los dos son buenos amigos. La familia llegó a pagar su internado.

Dos mujeres que se reunieron por primera vez cuando eran niñas, mantuvieron su amistad. Ahora que ambas son viudas y están en sus años 80, se fueron a vivir juntas.

Los niños reciben un respiro de de los humeantes veranos de la ciudad y los padres se descargan de la preocupación de que sus hijos se aburran o se queden en casa sin supervisión si trabajan.

Morgenthau dijo que las familias anfitrionas uniformemente dicen que siempre reciben más de lo que dan.

Corrigan está de acuerdo.

Alojar niños del programa Fresh Air cumple uno de sus sueños de toda la vida.

“Me gustaría invitar a Michelle de nuevo por el resto de mi vida”, dijo.

Por favor visite www.freshair.org para más información.